Santo es el que está en Dios, viviendo su misma vida, separado de todo lo que no es Dios o no está en él.
De los millones que hay, desde el 1° que tenemos noticia en la Biblia, la Iglesia nos ha propuesto como santos sólo a aquellos cuya vida o muerte son ejemplares para el creyente, e intercede por nosotros.
La Iglesia declara públicamente la santidad de alguien cuando esta la ha comprobado con auténticos milagros (que Dios ha hecho para honra de ellos) cuidadosamente estudiados.
