EL CAMINO DE LA CRUZ
PEREGRINACIÓN DE PHILOTÉA
AL SANTO TEMPLO, Y MONTE DE LA CRUZ
ÍNDICE DE LOS CAPÍTULOS QUE SE CONTIENEN EN ESTE TOMO
LIBRO PRIMERO
| Carta Pastoral a los fieles del Obispado de Osma. | |
| CAP. I | Patria, Padre, y Hermanas de Philotéa, y su peregrinación al Santo Templo de la Cruz. |
| CAP.II | Pierdese Philotéa en su peregrinación; pide socorro Jesus con vivo sentimiento, y tiernas lagrimas. |
| CAP.III | Socorre la eterna Sabiduría a la atribulada Philotéa. |
| CAP.IV | Enseña el Señor a Philotea el camino de la Cruz. |
| CAP.V | Admirase Philotéa de ver el camino, y monte que le mostraron, rehúsa andarlo |
| CAP.VI | Da luz el Señor a Philotea, para que siga el camino de la luz, y satisface a sus dudas |
| CAP.VII | Propone otras dudas Philotea, con el recelo de entrar en el camino de la Cruz, y se las desata el Señor, y la anima con la suavidad, y dulzura del camino. |
| CAP.VIII | Afligiese Philotéa, recelando el enojo del Señor y su Divina Majestad la consuela, y enseña el origen del camino de la Cruz, |
| CAP. IX | Vuelve Philotéa a asegurarse con diversas preguntas, en el camino Real de la Cruz, antes de seguirlo, y el Señor la va alumbrando. |
| CAP. X | Reconoce Philotéa la fuerza de el discurso del Señor, y todavía le replica su flaqueza, rehusando tomar sobre sus hombros la Cruz. |
| CAP.XI | Vuelve Philotéa a hacer nuevas Instancias al Señor, sobre que le haga suave el camino de la Cruz, y el Señor la satisface a sus dudas. |
| CAP.XII | Hace Philotea otra instancia al Señor y sobre que le haga otro camino, y no de Cruz, el Señor la desengaña. |
| CAP. XIII | Pregunta Philotéa al Señor cómo es posible que estén alegres los que siguen el camino de la Cruz si caminan llorando, gimiendo, y suspirando: y se lo manifiesta. |
| CAP.XIV | Enséñale el Señor a lotea como se compadece holgarse, y padecer a un mismo tiempo el Varón espiritual. |
| CAP. XV | Hace otra instancia Philotea al Señor dudando que la Cruz pueda ser gozo, y se lo explica con discurso claro, natural, y fácil. |
| CAP.XVI | Pide Philotea al Señor que la explique algunos efectos de los que causa la Cruz, para que esté alegre el alma y se los explica. |
| CAP.XVII | Añade el Señor otros tres, efectos que causa la Cruz en el alma, para pacificarla, y proponele a Philotéa algunos ejemplos. |
| CAP.XVIII | Suplica Philotéa al Señor, que sobre los efectos que le ha explicado del misterio de la Cruz, la diga su conveniencia, y motivos, y el Señor se la explica. |
| CAP.XIX | Propone el Señor a Philotéa otros ilustres motivos, para abracar la Cruz del Señor, y seguir este seguro camino. |
| CAP. XX | Aficionase Philotéa a la Cruz, pero pide treguas para recibirla, y la reprende el Señor, |
| CAP.XXI | Prosigue el Señor en reprender ásperamente a Philotéa, porque pone dilaciones al seguir el camino de la Cruz. |
| CAP.XXII | Humillase Philotea a reprensión del Señor, aunque le hace otra instancia, por dilatar el seguir el camino de la Cruz y el Señor vuelve a reprenderla. |
| CAP.XXIII | Rindese Philotéa a tomar la Cruz sobre sus hombros, capitulando con el Señor sobre ello. |
| CAP.XXIV | Manifiesta el Señor a Philotéa las falsedades de sus discursos, y réplicas, y propínele diversos ejemplos para seguir la Cruz. |
| CAP. XXV | Propone Philotéa al Señor algunas razones, para que le admita sus capitulaciones y el Señor la desengaña. |
| CAP. XXVI | Vuelve a convencer el Señor a Philotéa, declarándola y cuan engañada discurre en querer ponerse ella a sí misma la Cruz á su gusto y a su modo. |
| CAP. XXVII | Enseña el Señor a Philotéa cuan grande es su engaño en pedir Cruz pequeña y no grande. |
| CAP.XXVIII | Dale el Señor luz a Philotea, deque no le conviene, que su Cruz no sea larga, ni ignominiosa, ni de la calidad que la quiere. |
| CAP.XXIX | Propone Philotéa la causa por qué pide que su Cruz sea honrada, y el Señor la desengaña, y le enseña que no le contiene traer Cruz transparente, y lucida. |
| CAP.XXX | Enséñale el Señor a Philotéa cuan engañada discurre en no llevar cada dia la Cruz. |
| CAP.XXXI | Propone algunas dudas Philotéa, sobre el traer su cruz, o la del Señor, y sobre que no es posible, que los gustos lícitos y permitidos sean cruz. |
| CAP. XXXII | Percibe Philotea la doctrina, en cuanto a traer la Cruz, del Señor, y no la suya, y le pregunta, porqué con tanta diferencia reparte Cruces a las almas? |
| LIBRO SEGUNDO | |
| CAP.I | Reducese Philotea a Tomar la cruz del Señor sobre, los hombros, pero pretende admitirla, sin despojarse de la gala que traía. |
| CAP.II | Reprende el Señor Philotéa porque no quiere dejar sus galas para tomar la Cruz sobre sus hombros. |
| CAP.III | Procura Philotea satisfacer al Señor, persuadida qué se compadece amar las galas, y el espíritu, y el Señor la desengaña. |
| CAP.IV | Dale el Señor a escoger a Philotéa diversas cruces, y se halla sumamente confusa, toma una anda con ella, pero no por el camino dé la cruz. |
| CAP.V | Pídele Philotea al Señor, que la deje con algunas galas, pues las traen otros con Cruz, y su Divina Majestad la da admirable doctrina. |
| CAP.VI | Escoge el Señor de las galas de Philotea las que parecían mas al intento de seguirle con la cruz sobre los hombros. |
| CAP.VII | Ofrece Philotéa al Señor las galas de su cabeza, pero defiende cuanto puede seguirle con pies calzados. |
| CAP.VIII | Pregunta Philotéa al Señor, por qué le manda, descalcar, habiendo tantos Santos que le han seguido calzados, y se lo enseña el Señor. |
| CAP.IX | Ofrécese Philotéa descalza a tomar la Cruz; mándala el Señor que tome la que le señala y su divina Majestad la ayuda, y comienza a caminar. |
| CAP.X | Prosigue su camino Philotea con alegría, y llega al pie del monte santísimo de la Cruz. |
| CAP. XI | Sube por el monte Philotea con alegría, y
consuelo, y vence no pequeña parte de su aspereza. |
| CAP. XII | Va prosiguiendo Philotéa su camino, y la sucede una terrible tormenta, y tribulación. |
| CAP.XIII | Viene el Señor, y a Philotea la reprehende, y le dice, cuanto mas padecen que ella sus hermanas. |
| CAP.XIV | Vuelven sí Philotéa, y pide al Señor perdón, y algunos remedios para sus tribulaciones, y se los da. |
| CAP.XV | Pide Philotéa al Señor algunas Virtudes, para cuando fuere atribulada; y el Señor le enseña en las que ha de ejercitarse. |
| CAP.XVI | Propone el Señor otras dos Virtudes á Philotéa, para el tiempo atribulado. |
| CAP.XVII | Prosigue Philotéa su camino, y va subiendo la cuesta del monte con grandes tribulaciones. |
| CAP.XVIII | Crecen las tribulaciones de Philotéa, y con ellas vence mas aprisa las asperezas del monte. |
| CAP.XIX | Vuelve el enemigo común a procurar expugnar a Philotéa, y quitarla la, de los hombros. |
| CAP.XX | Vence Philotéa lo más áspero del monte, y llega a unos collados altísimos muy cerca de su eminencia, y comienza a arder en la caridad Divina |
| CAP.XXI | Despide Philotéa de si, con la fuerza del amor y las galas que le habían quedado, y se viste una humilde y pobre túnica. |
| CAP.XXII | Vuelve el tentador a afligir a Philotéa: ella se defiende, y llama a su Maestro Soberano. |
| CAP. XXIII | Consuela el Señor a Philotéa, y ella con dulcísimas razones manifiesta el amor que abrasa a su alma. |
| CAP.XXIV | Responde, y corresponde el Señor a las finezas de Philotéa, y la anima con que ésta cerca la corona. |
| CAP.XXV | Prosigue Philotéa su camino, padeciendo grandes ansias, y penas con el amor. |
| CAP.XXVI | Cría grande aborrecimiento de si Philotéa, crece el amor, y se pone una corona de espinas en la cabeza. |
| CAP. XXVII | Vuelve el Señor a Visitar a Philotéa, y tienen una interlocución muy dulce y enamorada |
| CAP.XXVIII | Pregunta el Señor a Philotea quien le dio valor para ponerse la corona de espinas, y de dónde le ha crecido aquel amor? le responde, y pide muerte de Cruz. |
| CAP. XXIX | Concede el Señor a Philotea su petición, y la previene para morir en cruz y ella alegre está cantando sus alabanzas. |
| CAP. XXX | Descríbase el teatro en que Philotéa padeció, y gozo dichosa muerte de Cruz, y entra en él. |
| CAP.XXXI | Crucifican los Ministros del Amor Divino a Philotéa, clavándola las manos, y los pies, |
| CAP. XXXII | Rinde su alma Philotea a su Maestro Soberano, en la Cruz, con las siete palabras que dijo en ella por ella. |
ADVERTENCIA.
El motivo que tuvo nuestro Venerable Obispo para escribir este ingenioso, y devotísimo Libro, le expone él mismo en la Carta Pastoral del principio, para los fieles del Obispado de Osma, donde también señala el tiempo en que se dedicó a su formación, que fue en la Visita del año de 1657. desde Abril hasta mediado Julio; y esto mismo confirma el Doctor Magano, que le acompañaba como visitador. Dos obras tuvo su pluma por ejemplar para la suya, la Vía Regia Crucis del erudito Benedictino Aefreno, y la Philotéa del glorioso Obispo de Geneva San Francisco de Sales. Estos dos Escritos memorables dieron impulso a su pluma para que labrase otra obra nueva, que mirase al mismo fin de inclinar las almas al camino de la perfección, y de la Cruz. Como había tantos años que la llevaba el Siervo de Dios tan prolija, como se lo mostró a una alma, que refiere en su Vida Interior; pudo con ciencia práctica comprender su importancia, y describirnos con el primor que lo hizo, la peregrinación del santo camino de la Cruz. Enviando este Libro a unas Religiosas, las dice el Venerable lo siguiente: Esa Dama envió a Vosotros. Por si quisieren darle la profesión: en ese libro la hallarán: léanlo Vosotros y esas Santas en sus aposentos, que yo creo que no se la negarán, porque aunque comenzó como yo, acabó como vosotros. En acabando de leerlo entenderán el enigma. Imprimible de orden del Venerable Escritor en Madrid a los fines del año de 58. y principios de 59. su grande Amigo, y en otro tiempo condiscípulo de la Universidad de Salamanca Don Francisco Gracian de Berruguete, Secretario del Rey nuestro Señor. A esta primera edición, que se hizo en cuanto, se han seguido otras muchas en Barcelona, Madrid, y otras parte. Y últimamente el R. P. Fray Josef de Palafox, año de 1664. le dio en el tomo cuarto de su colección, desde la pag. 515. Hacen memoria de este escrito Don Nicolás Antonio y el Obispo de Guadix Don Fray Miguel de San Josef.
Prólogo, y Carta Pastoral
A LOS FIELES DEL OBISPADO DE OSMA,
JUAN, su indigno Obispo, salud, y eterna felicidad.
Mihi antem absít gloriari nisi in Cruce Domíní
nos tri Jesu-Christi. Ad Galat. 6. v. 14.
Estando para partir dé la Corte el año de 1654. a servir esta Santa Iglesia, me puso en las manos uno de los Sujetos mas ilustres en sangre, letras, y ejemplo que hay en ella, un Libro intitulado: Vía, Regia Crucis, compuesto por el Rever. Padre Benedictino Aefreno Prepósito del Monasterio; Afligeniense, de las primeras plumas de Flandes, así en espíritu, como en codo genero de erudición. Pidióme con mucho encarecimiento, que los diese a nuestra lengua, por la utilidad grande que dé ello podía resultar y habiendo suspendido la resolución hasta ver el Libro, lo leí con particular atención y gusto; porque sin duda se compone de las dos circunstancias, que hacen amable la lección, que son dulzura, y utilidad.
II. Conocese, que aquel aventajado caudal que lo escribió, es hijo de la Augustísima Religión de San Benito que tanto ha ilustrado la Iglesia con su enseñanza, y aun algunos siglos, (poco menos que sola) pues sin duda en ellos sobre todos los demás estados, y profesiones, enseñó el ejercicio de las sagradas letras y todo genero de buena, y santa disciplina.
III. Después de haber leído este tratado hube de suspender el obrar, y aun el acordarme de él, ocupado en el Episcopal Ministerio, que apenas deja tiempo para respirar, y mucho mas al comenzar a servirlo en alguna Iglesia por haber de tomar conocimiento, y dar asiento, y dirección á todo lo que toca á su gobierno. Pero este año de 57. Partiendo a la Visita de este Obispado, y juzgando que por las mañanas, antes que los súbditos diesen materia al ejercicio Pastoral, por estar aun recogidos, habría algún lugar para obrar en esto, sin faltar al principal empleo de mi oficio, lo traje conmigo para ejecutar este intento.
IV. Volvilo a leer, para trasladarlo á nuestro idioma, mas hallé en mí tanta repugnancia, ó para decirlo con mayor conocimiento, tan poca habilidad, que me pareció, que no seria traducir, sino deslucir esta obra; así porque no es fácil pasar de un idioma a otro la propiedad que tienen entre sí sus locuciones, como porque tampoco le es el ajustarse los estilos particulares de los Autores; pues así como son diferentes los rostros, y los encendimientos lo son comúnmente los conceptos, frases, y maneras de hablar, y aun todas las demás humanas operaciones.
V. Con esto me pareció dejar el asunto, y reservar para él otra pluma de mayor destreza, aunque por no dejar de aprovecharme á mi, y a mis súbditos de tan excelente argumento, como ensalzar el camino de la Cruz, resolví hacer otra obra a la vista de su imitación, tomando de esta algo de los nombres, y de la idea, que formó para si aquel erudito Ingenio, pareciéndome, que en esto hacia buenos oficios al Autor, a los Lectores, y a las almas de mi cargo.
VI. Al Autor, con no deslucirle una obra, tan perfecta, y llena de erudición, haciendo que pareciese menos hermosa en nuestra lengua, que en la que él con tanta propiedad la escribió. A los Lectores, pues verán con alguna diferencia tratado este santo asunto; porque en el latín hallarán gran fuerza de autoridades y aquí puede ser, que hallen tan eficaces razones, que no, queden menos persuadidos, y convencidos con estas, que con aquellas. A las almas de mi cargo, á quien principalmente se endereza siempre: la doctrina, y mi cuidado, porque les ofrezco la mas sustancial, útil, y santa enseñanza, que él Pastor puede, ni debe dar a sus ovejas, que es criarlas con la leche de la Sangre de Cristo. Y sustentarlas con el pan de sus dolores, y penas reducidas a la práctica, veneración, y amor ternísimo al misterio excelente, y inefable de la Cruz.
VII. Porque sin duda alguna, Fieles, la materia de este tratado, que se reduce a exhortar a que padezcamos por Dios, y lloremos nuestras culpas, tiene cinco propiedades admirables, y sumamente amables, y estimables, de las cuales se habla con mayor dilatación en esta obra, y aquí los apuntaremos, por servir este breve Discurso de Carta Pastoral, de Dedicatoria., y Prólogo y estas son la excelencia de la Cruz, su utilidad, su necesidad, su dificultad, y con esa misma su dulzura, y suavidad.
VIII. La excelencia, porque el camino de la Cruz es el más superior, y noble que puede considerarse, antes bien, este solo es el noble, y superior. Pues si la nobleza se toma del origen, habiendo fundado, platicado, enseñado, e instituido el Hijo eterno de Dios hecho hombre, que como Dios, es origen de todo lo bueno, y santo, y como hombre, es descendiente de Reyes, y de las primeras Cabezas del mundo, que fueron los mayores Patriarcas, forzoso es que tenga en si la superioridad, y: excelencia que trae consigo tan ilustre, y claro origen; y así, con gran razón están acreditados los hábitos Militares de insignia conocida de nobleza por ser Cruces; porque no hay en esta vida otra alguna mas noble, y excelente que la Cruz.
IX. Conócese no solo en esto la excelencia de la Cruz y en lo que es venerada en el mundo por todos los Príncipes, y Reyes, y tanta suerte de gentes, sino por la ponderación con que el Hijo Eterno de Dios habló siempre de ella; porque siendo la misma humildad este divino Señor, y diciendo de sí, que era gusano, y el oprobio de las gentes, pero en llegando a la Cruz siempre habló de ella con grande magnificencia, llamándola su trono, y el teatro de sus glorias y al ponerle en ella su exaltación: Qportet exaltari Filium bominis: cum exaltaveritís Filium homints, cum exaltatus fuero a térra, omnia trabam ad me, Que fue decir, cuando fuere entronizado en la Cruz, todo lo venceré, y conquistaré. Y así con razón le llamó Principado el Profeta cuando. dijo: Et factüs est principalus super humerum ejus. Como si dijera: Su Cetro, su Imperio, su Corona lo trajo sobre sus hombros porque su Cruz fue su Imperio, su Principado, su Cetro, y su Corona.
X. Pero así como es nobilísima señal la Cruz, es mucho más noble el misterio que en ella se representa, cuanto lo es más el alma que el cuerpo, y el espíritu, que lo animado por él. Porque la Cruz, Fíeles, es una sagrada señal, en la cual se significan los dolores, y las penas del Señor, y la humana redención, que con ellas obro el Redentor de las almas; pero las mismas penas, dolores, afrentas, azotes, heridas, é ignominias, y la muerte que padeció su Bondad, esa es el alma verdadera de la Cruz.
XI. De aquí resulta, que me parece, que puede bien defenderse, que el
camino de la Cruz en el Señor, y en nosotros es mas excelente, y noble
que la misma Cruz. Porque si este misterioso camino consiste en padecer en esta
vida mortal penas, mortificaciones, dolores, lagrimas, penitencia, y afrentas
por Jesús, y esa es el alma de la Cruz, y la Cruz es la que explica,
y señala, y acredita aquellas penas, y esto da su explicación
forzoso es, que sea mas excelente el misterio, y el espíritu, que la
misma explicación. Qué importaría, que todos anduviésemos
cargados de Cruces de madera, sí nos faltase el espíritu interior
y el dolor, y penitencia. Qué importaría la exterior profesión
sin la interior mortificación. Qué importaría la apariencia
sin la sustancia? Qué importaría lo que parece, sin aquello que
es? Como no importa que padezca el cuerpo, si no le da su interior valor el
alma, ni padecer innumerables trabajos, si no se hacen? Cruz con darles honesto,
y santo motivo y aplicación.
XII. No sé si, diga, que no veo otra cosa en esta vida, que trabajos,
y dolores; pero poquísimas Cruces, al respecto de las penas. Todo es
padecer, y en los tibios como yo muy pocos merecimientos. Los Superiores tienen
superiores penas. Los súbditos naturalmente padecen
penas de súbditos; los unos al mandar, al obedecer los otros. Los pobres
padecen fatigas, y
trabajos; pero los ricos incansables, y miserables cuidados. Los que penan,
ya penan de su
cosecha; pero: los que con ansia procuran gozar con mayor dolor, padecen dentro
de los mismos gozos.
X1II. Estas son, Fieles, las penas de los mortales: mas dónde están los merecimientos? Este es el tormento pero dónde está la Cruz? O engaño de la humana condición! Dárnoslas espaldas al padecer y negárnoslas al merecer! O para decirlo con mas propiedad; damos el corazón a los gustos, el pecho a las penas, y al mérito las espaldas. Padecemos, como si mereciésemos, y merecemos, como si no padeciésemos.
XIV. La causa de esto es, porque en el mismo padecer buscarnos el gozar, y bailamos dentro de las mismas penas. Rodeados de dolores nos holgamos, y hacemos risa de nuestras mismas miserias. No es ya quien nos recrea el gusto, sino el engaño porque tenemos al mismo engaño por gusto. Huyendo de las fatigas, buscamos, mas no hallamos los deleites. El olvido de las penas cenemos por gozo, y el divertir nuestros males, abrazamos como bienes.
XV. Y así, el intento de este tratado, almas devotas, no tira principalmente á ensalzar: la Cruz material del Señor, digna por todas razones de venerarla, y reverenciarla con profundísimo afecto; porque eso, que Católico lo duda? Sino de ensalzar la Cruz formal, y espiritual de padecer por el Señor, y seguirlo con santa, y perfecta vida, pureza de conciencia, y de intención: y para eso sujetarnos, y rendirnos, y humillarnos a llevar la Cruz de los preceptos divinos, y consejos, y conocer cuanto vale, y cuanto aprovecha el imitarlo, y que solo son excelentes, y grandes, é ilustres, y valerosos, sabios, y prudentes, y esforzados, los que siguen práctica y perfectamente con el dolor, lágrimas, y penitencia el camino de la Cruz.
XVI. Pues si los fuertes, los valerosos, los sabios, y los nobles son en el mundo excelentes, claro esta, que no hay tal fortaleza en esta vida, como vencerse así mismo, y mas por tan excelente motivo, como el de agradar a Dios: ni hay tal valor, y aliento, como avasallar con el espíritu todo el poder del demonio, mundo, y carne: ni hay tal lealtad, como ser fieles a los mandamientos, consejos, inspiraciones Divinas: ni tal sabiduría, como encaminar de tal manera esto temporal, que se consiga lo eterno: ni tal nobleza, como ir siguiendo en Cruz al Hijo Eterno de Dios, Rey de Reyes, y Señor de los Señores, que va adelante penando, y es origen y principio sin principio de todo lustre, y nobleza.
XVII. La utilidad de esta nobilísima materia, ella misma se está manifestando; porque no hay cosa mas útil en lo criado, que llegar a gozar del Criador; yen todas las humanas operaciones, toda la utilidad se toma de los medios proporcionados para conseguir el fin. En tanto es útil el tratar, y contratar, en cuanto con ello se granjean las riquezas. En tanto es útil el servir a los Príncipes, en cuanto con ello se consiguen las honras. En tanto es útil el pelear, en cuanto con ello se consigue la fama, los puestos, y la grandeza.
XVIII. Pues si el camino de la Cruz, no solo encamina, y guía, sino que asegura la salvación de las almas, y el gozar las felicidades eternas, y el escapar de los eternos tormentos, y el ver a Dios para siempre, y el ser ciudadanos de aquella eterna Ciudad, y consortes de los bienaventurados, y compañeros de los Ángeles y Santos, y herederos del Padre, y coherederos del Hijo, y moradas del Espíritu Santo, y ver el rostro de aquella Señora, que es templo vivo, e inmaculado de toda la Santísima Trinidad; que medio, que camino, que disposición puede ser de igual utilidad a aquel que todo esto solicita por su medio, camino, y disposición?
XIX Y aquí, hijos, y hermanos míos podíamos soltar el raudal de las lagrimas, llorarme yo, y lloraros, y llorarnos todos, de que estemos tan ciegos, y desatinados, que por esto caduco, y transitorio, no haya penas que no se padezcan, ni mares que no se naveguen, ni montes que no se taladren, ni peligros á que no se expongan los hombres, cuando todo lo vano viene á parar en siete palmos de tierra, y una pobre, y deslucida mortaja, una cuenta cierta, una sentencia formidable, unas penas eternas y por aquella felicidad que se le conoce el principio, y no se conoce el fin, aquella gloria, que no conoce las penas, aquellos gustos, que no conocen disgustos, aquellos deleites, que no conocen pesares, no solo huimos de emprender este glorioso, santo, valeroso, y útil camino de la cruz; pero aun la aplicación de los mismos necesarios trabajos que padecemos, nos olvidamos 5 ó no queremos hacer.
XX. No hijos, y hermanos míos, abramos los ojos a lo celestial, Conozcamos
el engaño, y
locura de esto temporal: y pues al humano corazón ordinariamente le gobierna
la utilidad, y
á. ese punto conspiran sus líneas, busquemos eternas utilidades,
y conveniencias, y no nos
contentemos con lo momentáneo, m menos que con lo eterno.
XXI. Propuesta la excelencia, y la utilidad del camino de la Cruz, se conoce
fácilmente la
necesidad. Lo primero: porque lo excelente, y útil en alguna manera se
hace necesario a los espíritus generosos y grandes, como son de su naturaleza
los hombres, por ser criados solo para Dios, y para la eternidad, porque en
esta vida dos cosas son las mas amables, y las que nos llevan, y por las que
anda siempre de pretendiente este nuestro inquieto, y ambicioso corazón,
que son honra, y provecho; y si el camino de la Cruz es honrado, como dijimos,
y útil, como acabamos de decir, claro está, que nos necesita a
que lo sigamos con una necesidad de decencia, y conveniencia, si no es que volvamos
las espaldas, viles, perezosos, é infames, a la honra, y al provecho.
XXII. No parece que puede ser cosa mas deslucida en el mundo, que aquella que
en si
ni tiene provecho, ni honra; porque sin honra, es infame, y sin provecho, inútil,
y por
eso despreciable: y así son todos aquellos, que huyendo del camino de
la Cruz, y de lo eterno, y bueno, buscan honras mundanas, y perecederas, y utilidades
ligeras, y caducas, pues aunque para esto transitorio parezcan honrados, y aprovechados,
son para lo celestial, que es lo que pesa 3 vale, importa, y dura, despreciados,
inútiles, y viles.
XXIII Pero aun esta necesidad del camino de la Cruz no se queda en términos de congruencia, por útil, y por honrada, y por medio proporcionado para conseguir la verdadera honra, y utilidad; sino que es necesaria, como medio preciso á la salvación: pues de la manera que dijo el Señor: Que si el hombre no renaciere por el Bautismo, no puede conseguir su vida eterna. Nisi quis renatus fuerit ex aqua, & Spiritu Sancto: (f), asi dijo; Sed sí penitentiam non habueritis, omnes similiter peribitis. (g) Y asi díjo: que si no fuese exaltado el Hijo del hombre (con que explicó el Misterio de la Cruz) no se conseguirá la Vida eterna, (h) y en aquella exaltación entramos todos, y en aquella condición fuimos comprendidos todos, y a aquella soberana vocación de la Cruz fuimos llamados todos. Porque aunque el Señor solo nos redimió; pero aquel sagrado instrumento donde fabricó la redención, nos lo dejó como en testamento, para que con el, y por el anhelemos a su santa imitación.
(f) Joann. 3.v.5. (g) Luc.13 v.5. habueritis. Sic legunt S. Gerrn. & S. Mart. Turón, apud Sabat.tom. 5.edit. 1751. (h) Joann 12.v. 32,
XXIV. Como si dijera, si queréis ser exaltados conmigo, morid en Cruz como yo. Morid conmigo, y seréis exaltados, y consepultados conmigo, y resucitados conmigo, y subiréis al cielo conmigo, y todo esto lo deberéis á la Cruz. Este fue el discurso de S. Pablo, cuando dijo: Sí tamen compatimur, ut & conglorifice-mur, donde aquel compatimur, que dice unidad de padecer, no significa unos con otros, sino con el que padeció por nosotros, pues si nuestras penas no se juntan con sus penas, qué importan, ni que pesan nuestras penas?
XXV. Cruz nos ha de salvar, Fieles, y sin Cruz es imposible salvarnos. Es menester padecer en esta vida penando, ó en la otra purgando. Cruz nos ha de salvar» Fieles, la del Redentor, por lo que peno con nosotros; la nuestra con lo que fuéremos penando por él. Cruz nos ha de salvármeles, porque es menester, ó no pecar, o llorar. Cruz nos ha de salvar, Fieles, porque quien pasa por el pecar, ha de pasar, por el llorar, y sí no pasa por el llorar aquí, ha de pasar por el llorar allá.
XXVI. Con lo cual, Fieles, solo podrá dejar de penar el que sabrá dejar de pecar, y así como no hay quien no peque, no debe haber quien no pene. Aun los mismos que algunas veces no pecan, deben penar para que se defiendan del pecar. Mortificada la carne por el espíritu, manda el espíritu a la carne. No podrán mortificarla sin penar, ni sin penar sabrán dejar de pecar.
XXVII. Con esto puede verdaderamente decirse, que el camino de Cruz, no solo es excelente, y útil, sino necesario; y mas habiendo dicho el Señor : Que el que quisiere ir imitando sus pisadas, tome su Cruz, y lo siga ; y si no hay otro camino para el Padre, que el del Hijo, ni otro camino para el Hijo que el de la Cruz i seguro es, que solo el camino de la Cruz por el Espíritu Santo nos lleva al Padre, y al Hijo: y quien no anda en este camino, en donde piensa pasar? También la dificultad del camino, Fieles, mirando a la naturaleza, no es pequeña, vencer la carne con el espíritu, al mundo con el desengaño, al demonio con la gracia; pero esta dificultad no ha de servir para acobardar el animo, sino para esforzar el deseo, avivar el esfuerzo, poner todo cuidado en la empresa, y dar aliento á la ejecución.
XXVIII. Ninguna cosa grande comúnmente suele ser fácil. Cuánto
cuestan los puestos, y
las honras de esta vida conseguidas 3 y aun comúnmente, ni conseguidas?
Al peso de su grandeza se mide en ellas su dificultad 3 cuesta mas tiempo, hacienda,
y sudor lo que mas vale.
XXIX. Siendo esto así: no era conforme á la grandeza de la empresa, que fuese fácil el camino de la cruz, si es medio de conseguir lo eterno. Por qué ha de ser dificultoso lo que es disposición de alcanzar un fin tan grande? No puede ser ligerísimo en los medios lo que trae consigo infinitas conveniencias.
XXX. Poco se estima aquello que cuesta poco, y por el contrario, mucho lo que se compró a gran precio, Vida eterna, bien merece vida, y muerte temporal: barato es darme lo eterno por lo caduco: buen concierto, comprar oro con el vidrio, diamantes con el polvo de la calle. Penas breves, gozos que nunca se acaban, nadie lo desechará. Pongamos los ojos en el fin, y nos parecerán facilísimos los medios, la dificultad se hará facilidad, con tener presente la gloria de tan excelente empresa.
XXXI. Con la dificultad proponemos la dulzura, y suavidad del camino; porque la alma, fíeles, de aquella dificultad, es esta facilidad. La Cruz del Señor es áspera por afuera, y ¿toda ella panal de miel por adentro. Rigor para el cuerpo, y suavidad para el alma. Lo exterior desagradable, lo interior apetecible; y así como nuestras operaciones son dificultosas, comúnmente, y tristes, y congojosas, y llenas de dolor, y fatiga, por la debilidad de nuestra naturaleza, que en todo suda al obrar, y por el contrario las de Dios, como nacen de su misma Omnipotencia, son fáciles, y suaves, dulces, y llenas de grandísimo consuelo, así las operaciones interiores del camino de la Cruz, como todas son de la gracia, traen consigo facilidad, alegría, dulzura, y suavidad increíble, como se vera en este Tratado con palpable claridad.
XXXII Dividírnoslo en dos libros. En el primero se dibuja (así
fuera con proporcionadas
líneas) el alma, que asida á la naturaleza, desconfiada de la
gracia, no quiere entrar en el camino útil, y excelente, suave, y fuerte,
misterioso de la Cruz. y a quien pareciere es muy sobrada su porfía,
y las réplicas que le hace al Divino Esposo, para no tomar la Cruz, mírese
a si mismo, y considere, cuantas veces se ha defendido de Dios, cuantas no le
ha querido responder llamado, cuantas no le ha querido creer persuadido, Cuantas
se le ha huido, y conquistado, cuantas siguiéndolo lo ha dejado, y crea,
que todo aquello lo hizo por darse á si y á su gusto, y apetito,
y negarse al camino de la Cruz.
XXXIII. En el segundo libro explicamos su dulzura, y suavidad prácticamente, y los pasos, tribulaciones, medios, y remedios, efectos, y afectos, por donde se llega en este ultimó camino del trabajo a la Corona. En él proponemos también las luces, y socorros admirables de la gracia, y de la misericordia, y la suavidad, y facilidad con que se vence con ella lo que parece tan arduo a nuestra naturaleza. Con esto podrán conocer las alma que en estas bodas del Cielo, como en las que honró el Señor en Cana de Galilea, al fin de ellas se reserva el mejor vino: muy al revés de las del mundo, cuyos deleites, vanidades, y locuras tienen dulcísimos los principios, y amarguísimos los fines.
XXXIV. Para hacer mas sabroso este tratado, y que fuese tolerable la rusticidad, y desaliño del discurso, y del estilo (al fin como de Pastor) usamos del antiguo de los Diálogos, entre el alma, y Dios, acreditado en todos tiempos con admirables tratados, así de la Escritura Sagrada, como de otros Varones insignes en toda suerte de erudición.
XXXV. Notorios son los libros del Santo Job (aunque aquel fue suceso, y no parábola) que es de lo mas delgado, y elocuente que hay en las divinas letras. Harto tienen de esto los Salmos del Rey Profeta, y no poco los Cantales de su hijo Salomón, ni falta de ello á los demás Sapienciales.
XXXVI. Los Santos también eligieron este estilo, y San Bernardo en algunos versos, muy propios de aquel espíritu altísimo, y suavísimo, y San Buenaventura en prosa, hicieron meditaciones dulcísimas en Diálogos á este intento. El Venerable Tomas de Kempis, en aquel librito de oro del desprecio del mundo, sigue en el modo, y la sustancia el mismo estilo. Y Ludovico Blosio, uno de los místicos mas acreditados, fue por estos mismos pasos.
XXXVII. También el Santo Henrique Suson, espejo de penitencia, y honor de la Apostólica Religión de Santo Domingo, hizo otro espiritual Tratado entre el alma, y la eterna Sabiduría; y el gran Taulero, de la misma Religión. Y aquel río caudaloso de elocuencia, y espiritu, el V. M. Fr. Luís de Granada, de quien podían en alguna manera decir los que han escrito en lo místico después de él: Et de plenitudine ejus nos omnes accepimus, (por no dejar cosa buena sin tocarla) también acredito este modo de escribir.
XXXVIII. No puede negarse, que se declaran mejor los afectos con interlocuciones sentidas, que con dilatados discursos. Mejor se explica el alma en sus conceptos impugnada, que aplaudida. El encendimiento fatigado con la contraria opinión, da mas fuerza con su razón al discurso: cobra aliento en la misma vejación. Danse también las manos lo material, y formal en los diálogos, para recrear el animo del oyente, y enseñarlo. El cuento, y las figuras, y los sucesos tienen divertida á esta porción inferior: los discursos, las razones, los argumentos, preguntas, y respuestas recrean la superior. Es ver una batalla mental, en la cual la suspensión asiste con ansia de saber en qué parara el suceso, y a cual de aquellos discursos le corona el vencimiento.
XIL. Quisimos llamar Philotea, y no Staurofila a esta ilustre seguidora de la Cruz que proponemos; porque aunque Staurofila quiere decir amante de Cruz, y Philotéa de Dios; pero es tan poca la diferencia, que vienen á ser unívocos los dos nombres, y es mas dulce para la pronunciación, y la lectura el segundo.
XL. Tuvimos también presente á otra Philotéa Francesa,
que instruyó otro Prelado de
aquella nobilísima Nación, sin duda alguna excelente en espíritu,
en letras, y en elocuencia
cristiana, que tradujo en nuestra lengua un ingenio de los mas floridos de este
siglo; y nos ha
parecido, no inútil emulación, sino espiritual, y santa, que si
una Philotéa Francesa fue instruida de aquella delgada pluma, otra Philotéa
Española instruyese a las demás, con manifestarse humilde seguidora
de la Cruz, sino igualmente aplaudida en la gracia, y elegancia del estilo,
por lo menos no desiguálenla gloria del empleo, y grandeza del asunto.
XLI. Finalmente, Fieles, este tratado ofrecemos no a la curiosidad, sino al provecho de las almas, instado mas del amor, que del concepto que tenemos del acierto, formado en breve tiempo, desde los primeros de Abril del año que va corriendo, hasta catorce de Julio, día del Triunfo de la Cruz, en que muy acaso le acabamos, sobre la interposición de unas tercianas que interrumpieron la pluma, entre tan grande variedad de ocupaciones, que no dejaban dos horas libres al dia, con que ella sola puede servir de disculpa a sus defectos. Vinuesa, catorce de Julio de mil y seiscientos y cincuenta y siete.
Juan indigno Obispo de Osma.
CAMINO DE LA CRUZ
CAPÍTULO I
Patria, Padre, y Hermanas de Philotéa, y su peregrinación al Santo Templo de la Cruz.
En una de las regiones que habitan los Adámicas,
cierta Nación poderosamente flaca, que de su padre
heredo una herencia universal de lágrimas, y desdichas,
florecía la antigua Ciudad de Tarsis, ilustre, no
tanto por la grandeza, y opulencia del comercio, que enriquece
aquellos Reinos, cuanto por la grandeza, y ansia mas que
mortal, con que buscan sus habitadores, por diferentes caminos
el alivio de sus penas y el procurar reducir el destierro
a patria, la calamidad a gozo, y hacer premio, y honor del
castigo, y de la afrenta.
Vivía en ella Philomeno un varón noble y respetado
de toda aquella región poderoso de los bienes de
fortuna y acreditado en los de naturaleza. De su ya difunta
mujer Hierotea heredó con la soledad tres hijas que
en la de flor de su edad, y con la de su hermosura, arrebataban
los ojos de la juventud lozana de aquella ilustrísima
Ciudad. La, mayor de estos tres engaños de los mozos
y envidia de las doncellas de Tarsis se llamaba Philotéa
la cual nació en el
día, que celebra la Iglesia el misterio inefable
de la Cruz y por el ingenio, juicio, prudencia, y capacidad,
fue gozo y consuelo y alegría de sus padres.
La segunda hermana se llama Honoria, y conveniale el nombre
a la condición por la propensión con que aspiraba
á las honras, grandezas; riquezas, y felicidades
temporales, puesto su corazón en esta vana ostentación,
y apariencia de las cosas.
La tercera se llamaba Hilaria, y muy propiamente porque
todo su deseo aspiraba a los deleites humanos, "holgarse,
entretenerse, divertirse, teniendo por la suma, y la mayor
de sus felicidades estos ligeros y breves contentamientos.
De las tres hizo Dios a la primera, sin duda alguna, en
todo la primera, (que no siempre han de llevarse la gracia,
ni las gracias las segundas) mas generosa en los dictámenes
mas delgada en los discursos superior en la hermosura de
cuerpo, y con mas soberanas inclinaciones en la principal
del Alma. Habiala dado Dios algunas luces para que lo siguiese
pero ella, ó no lo entendía, o se le resistía,
y ya la verdura de los años, ya los lazos de oro
de la hermosura, felicidad, y riquezas la tenían
cautiva, y aprisionada finalmente, era esta discreta doncella
sobre muchos llamamientos, en lo exterior virtuosa, y sin
luz, y engañada en lo interior.
Acostumbraba el padre de éstas tres doncellas permitirles
la honesta recreación, de que fuesen algunos días
a una huerta suya, que comprendía diversidad de jardines,
y era de las mas deleitosas, y agradables, que había
en aquella hermosísima campaña, en cuyas márgenes
se extendían unos prados amenísimos que hacían
plaza espaciosa, y especiosa, á una selva espesa
de alamedas repetidas, por grande trecho de tierra, recreación,
y ornamento de aquella populosisima Ciudad.
Era el día de la Cruz Santa de Mayo, tiempo, en que
parece que produce flores la Primavera solo para coronarla
cuando con moderada familia salieron las tres doncellas
le casa muy de mañana y después de haber dado
algunos paseos por las calles, y jardines de su huerta les
obligó una travesura permitida y natural, o la humana
condición que tiene por pena cualquiera clausura
por muy amena que sea a salir los prados, que miraban a
aquel dilatado bosque.
Philotéa, con la memoria del día de la Cruz,
y de su nombre, dijo a sus hermanas Honoria, y Hilaria,
que pues convidaba el tiempo y la devoción fuesen
juntas á adorar en una suntuosa Ermita que estaba
en lo interior de aquella selva á la Cruz del Señor,
cuyo misterio dio su nombre, y dedicación al Templo
con que harían o virtud de la recreación,
mérito de la fatiga y devoción de la amenidad,
suavidad, y dulzura del tiempo y de la mañana.
Rrespondió á esto Honoria proponiendo algunos
inconvenientes y diciendo, que iban menos acompañadas
de lo que á su Nobleza se debía y que no era
conveniente, por una ligera devoción, perder, y aventurar
el crédito de su ilustre calidad, que podrá
ser que el mismo día, y á la misma devoción
concurriese toda la Nobleza de Tarsis y que notaría
la poca pompa de su familia y el menos cuidado ornamento
de sus personas con que de aquella mal propuesta, y peor
ejecutada peregrinación solo conseguirían
deshonor, afrenta, y deslucimiento.
Hilaria siguió el parecer de Honoria, aunque con
diversos motivos, y añadió á la fatiga
del camino su tristeza, y soledad, y que cuando salían
á recrearse, no era bien elegir una cansada romería,
de la cual no podían conseguir otro fruto que, pesadumbre,
y molimiento. Que tampoco creía, que irían
de Tarsis personas algunas á aquel Templo teniendo
otros dentro de la Ciudad en donde con mayor comodidad podían
satisfacer á la devoción del día: con
que todo sería cansarse con trabajo intolerable,
sin gusto, ni recreación alguna.
Volvió la discreta Philotea á persuadir á
sus dos hermanas, que la siguiesen á visitar el Santo
Templo de la Cruz, en su dia pues ni su conocida calidad
necesitaba de mayor autoridad que la que traían consigo
en aquella moderada familia, ni á los templos se,
había, de ir con soberbia, y vanidad, sino con una
santa humildad y decente acompañamiento. Ni la fatiga
que tanto temía Hilaria seria mayor al ir á
adorar la Cruz que al rehusarla, respecto de la molestia
que trae consigo cualquiera recreación dentro de
su mismo ejercicio. Si nos hemos de fatigar paseando por
estos prados, hermanas, les decía Philotéa,
cuanto es mejor fatigarnos para adorar a la Cruz en su Santo
Templo? los mismos pasos nos llevan á lo bueno que
á lo vano; y solo con alterar el intento es igual
en el remedio la fatiga pero en el fin desigualísimo
el mérito, y el suceso. Qué mas tiene Hilaría,
sudar en esta vana recreación, que en aquel santo
ejercicio? Si dos mil pasos hemos de dar para buscar el
contento que no hallamos, no los daremos para buscar el
merito que hallaremos, y el gozo, y la misma alegría
que buscamos? Ni este exterior lucimiento te detiene Honoria,
ni esta imaginada fatiga que te atemoriza, Hilaria, debe
retardaros, cuando la devoción del intento, y la
superioridad de vuestra hermana mayor os obliga a obedecerme,
y seguirme.
Todavía las dos hermanas se defendieron, y no quisieron
seguir á Philotea, diciendo, que ellas se quedarían
en aquello amenos prados, huerta, y en jardines, entre tanto
que con su devoción intempestiva ejecutaba una cansada
y no necesaria peregrinación.
Pero la determinada Philotéa no solo por el empeño
de su propio parecer, y opinión, sino por algún
Superior impulso, y soberano movimiento, sin rendirse en
su propósito, ni desamparada de sus hermanas y lo
que admira mas y de todas las criadas de tu familia, que
ninguna quiso seguir el camino de la Cruz: partió
de allí, diciendo que la aguardasen que volvería
con brevedad y reconociendo una senda, que acaso un villano
le dijo, que guiaba al Santo Templo de la Cruz comenzó
su Religiosa jornada.
Pierdese Philotéa en su peregrinación; pide socorro Jesus con vivo sentimiento, y tiernas lagrimas.
Seguía la estrecha senda de su camino Philotea a
adorar en su Santo día á la Cruz, no sin tristeza,
cuidados, y temores; porque el verse desamparada de sus
hermanas, y familia, había puesto su animo en aflicción,
y sentía verlas tan fáciles a lo vano, y tan
graves a lo bueno tan gustosas a la recreación: tan
torpes, y disgustadas á la devoción al camino
de los deleites ligeras, al de la Cruz muy pesadas.
Consideraba que en toda aquella familia no hubo una que
la siguiese en su peregrinación todas asidas á
lo deleitable, sin querer pasar por el camino de la Cruz,
de deleitable á lo útil. A esta pena se añadía
la de verse sola, y sin consuelo siguiendo un camino incierto
sin guía, y sin compañía aquella, para
que la condujese al Templo de sus deseos esta, para que
se aliviase la soledad, y fatiga de sus penas.
Revolviendo estas imaginaciones, y ya no poco cansada de
estos cuidados, iba caminando con temerosos y aunque determinados
pasos, siguiendo su santo intento, cuando a una hora larga
de distancia fue haciéndose á la senda mas
estrecha; y formando otra, que parece que ofrecía
por diversa parte principio desde el o bosque a su salida
con que ya mas dudosa, y turbada, fue caminando derechamente
por ella.
Anduvo mayor espacio de tiempo, cuando la llevó aquella
angosta vereda á lo mas interior la espesura, y en
un ameno prado que formaba una brevísima plaza a
la alameda trabajada de el camino Philotéa, y de
la confusión grande en que se hallaba, se asentó
al pié de un álamo y vencida del sueño,
de su fatiga, y, cuidados, quedó por breve rato dormida.
No dejan los cuidados dormir, ni velar atribulado: velar,
no; porque oprimen de manera al cuerpo, que últimamente
lo entregan al sueño atado: ni dormir pues apenas
comienza su descanso con el sueño, cuando le despiertan
las penas que padece el animo congojado. Asi Philotéa
á menos de un cuarto de hora, despierta de su sueño
ó suspensión abrío ojos y se halló
en aquella temerosa soledad, y en la clausura estrecha de
aquellas paredes de árboles por todas partes sitiada
de penas, y de temores. Volvió los ojos para buscar
el camino que dejo, y halló, que como las líneas
al centro, así conspiraban diversidad de sendas de
la selva á aquel breve circulo que hacia la florida
plaza que allí formó, la naturaleza, viéndose
en tan terrible turbación, mirando á todas
partes, sin hallar cierta salida á su confusa esperanza:
volviéndose a Dios, le dijo: con lo mas intimo de
su alma.
Buscaba, Señor, la cruz, y he hallado antes dé
llegar á vuestro Templo la Cruz. No permitáis
Dios mío que en el día de la Cruz, en la cual
todos se salvan, halle yo mi perdición y ruina. Mirad
Señor, el buen principio, y origen de mi jornada
dad buen fin á mis deseos no me sea el remedio daño,
y fin desdichado de mi vida la que es á todos salud.
En esta confusión, reconociéndolo todo, escogió
la afligida Philotea de la diversidad de las sendas la que
por ser mas dilatada en sus principios, tubo por mas feliz
en los fines a y entrando por ella fue caminando por distancia
de dos horas., buscando ya. no tanto la Ermita, cuando el
fin de la espesura pero esta senda la condujo a otra segunda
plaza, ó confusión de aquella selva tan cerrada,
así por lo superior de las copas de los árboles
como por lo inferior de lo troncos, y las zarzas., que apenas
dispensaba, sino por brevísimos espacios, vista al
Cielo, ni términos que no fuesen congojosos que guiasen
parte alguna en la tierra.
Entonces la afligida Philotea viéndose á un
mismo tiempo batida, y combatida de sus penas, y congojas,
sitiada del tiempo, y de la misma fatiga, y que ya iba declinando
el dia, y que parece que le faltaba el Cielo, y la tierra:
aquel para su consuelo, y esta para dar á sus cuidados
salida: resuelta en lágrimas, arrojándose
sobre las yerbas del prado con suspiros, que despedía
su triste, y afligido Corazón, con voces tiernísimas
comenzó á decirle á Dios.
Como, Señor, así desamparáis á
quien os busca?
Asi dejáis, dulce bien, á quien os ama? Asi
se pierde en el camino quien sigue vuestro camino? Asi permitís.,
que se malogren al nacer intentos tan bien nacidos? Buscoos
yo, y dejaisme vos? Cuando yo os busco, me pierdo y cuando
yo me perdía, me buscabais? Huís Señor,
de los que os buscan, y buscáis á los que
os huyen? Hallan mis hermanas, Jesus mío camino en
sus pasatiempos, yo lo he de perder en la devoción
que me iba llevando a vos? Ellas aseguran el crédito
en el descanto yo desdichada, sola, y perdida aventuro mi
crédito y mi vida en la Cruz, y en la fatiga.
Que he de hacer, Señor, en esta soledad y sin remedio,
como uno dé los brutos de esta, selva: Ya va declinando
el Sol y de todas maneras, Jesus mío, me va faltando
la luz. He de ser pasto de las fieras, ó ha de acabar
conmigo la precisa necesidad de mi sustento. Aquí
puede hallarme algún hombre, y sucederme la ultima,
y mayor de mis 1 desdichas. Temo menos las fieras, que á
los hombres; y ya es pequeño el peligro de mi vida,
con el riesgo de mi honor. Vos, Jesus mío, pureza
original de toda humana, y angélica criatura, me
remediad vos descanso de afligidos, consuelo de atribulados,
mirad mi tribulación.
Mas si padezco, Dios mío, está triste confusión
al seguir este camino, por no haber seguido vuestro camino?
Mas si la diversidad de sendas, que inconstante, y vana,
por no seguiros á vos he intentado, me ha introducido
en no hallar ahora lo que entonces tan neciamente perdía?
Mas si este laberinto de penas en que me veo, es una imagen
viva de aquel confuso laberinto de culpas, tanto mas peligroso,
y dañoso? O cuantas veces mis pasiones, deseos, y
deváneos me ofrecían no desigual confusión,
y no lo sentía, porque padeciendo el alma, no padecía
con ellas también el cuerpo!
Justamente padezco, Jesús mío, siguiéndoos
el no haberos antes seguido amándoos, y muy debidamente
os escondéis dé quien tantas veces se ha escondido
ingratamente de vos. Justamente desamparáis á
quien tantas veces os dejó, y no respondéis
a quien tantas veces llamada, negó sus oídos
á esa dulcísima voz.
Mas ay Dios mío! adonde me ha llevado mi dolor, y
de las fatigas, y cuidados presentes me he y ido á
lamentar las pasadas; y como quien reconoce en la enfermedad
el origen de la misma enfermedad, se ha ido el dolor á
llorar el principio de su daño; pues si yo no os
hubiera perdido, Jesus y mío, por no seguiros, no
me perdería ahora por seguiros; si yo no me hubiera
perdido por huir de la Cruz, no me hubiera perdido al buscar
la Cruz.
O cuanto mas, Jesus mío, debo llorar el haberme perdido
entonces, que ahora! pues entonces me perdía el olvido
que tenia de vos, y ahora en medio de mis aflicciones, es
mi esperanza, y alivio vuestra memoria.
Habed, Jesús Mío, misericordia de mi, miradme
toda rodeada de cuidados, y congojas; si miro a lo pasado
veo que me amenazan mis culpas; si lo presente, me afligen
intolerables penas ,si lo venidero, mayores, y mas desesperados
cuidados; no solo el amor sino la necesidad me lleva, Jesus
mío, á solicitar el socorro en vuestra misericordia,
y ya no tanto me afligen no hallar salida al penoso laberinto
de mí peregrinación, cuanto al peligroso y
dañoso de mis culpas, y mi vida.
Socorre la eterna Sabiduría a la atribulada Philotéa.
No era posible, que tan tiernas lágrimas y tan ardientes
suspiros dejasen de encender el pecho de aquel Soberano
Señor, que tan atentó oye las voces de aquellos
atribulados, que llaman, y claman á su piedad; así
apenas acabó Philotéa sus lastimosas quejas,
y sentimientos, cuando un zéfiro, y viento suavísimo,
con un olor celestial, fue moviendo los álamos, y
recreando el cuerpo, cansado de aquella honesta doncella
sucedió a esto el sentir grande novedad en su alma.
Parecióle, no solo que una nueva ilustración
rayaba su entendimiento, y bañaba de una no imaginada
alegría sus sentidos, y potencias, sino que los ojos
corporales veían venir rayos de luz por todo el círculo
de la plaza de aquella ya venturosa alameda: con que de
la manera que huyen las tinieblas de la luz, así
huyeron los horrores del animo y la soledad del sitio de
aquellas Divinas luces.
Con esta súbita mudanza se suspendió Philotea,
y con más admiración le pareció, que
todos los álamos de la selva se humillaban, y poco
después se desaparecían á la presencia
de alguna virtud divina, que venia honrar aquel dichoso
lugar. Viéndose entre tanta claridad, volvió
el rostro hacia una parte y vio un Joven hermosísimo,
origen claro de aquella luz con una Cruz en mano y una Corona
en la otra y aunque temerosa, y turbada a los principió
se pero poco después confortar da la débil
naturaleza del esfuerzo de la gracia, pudo sin descaecer
del todo y oír que le decía aquel clarísimo,
y hermosísimo Señor.
No temas Philotéa, que tus quejas han penetrado mis
oídos, Yo soy la eterna sabiduría, y el principio
sin principio de todo los caminos del Señor. Yo soy
camino, verdad, y vida. Yo soy el que no falto jamás
á quien me busca, y el que siempre asiste, y socorre
las almas atribuladas. Yo soy quien favorece a los que buscan
mi Cruz, y quien les es guía, consejo y camino: mi
camino sigues, no te puedes perder en mi camino. Tu petición
me ha agradado, pues no has pedido solo en tu oración
salir de tus penas, sino también de tus culpas. .
No pudiste elegir mejor medio para aliviar tus cuidados,
que el de mejorar la vida, ni para salir de esa aflicción,
y congoja de no hallar camino cierto en ni peregrinación,
que buscar el verdadero camino de tu alma, con llorar tus
engaños, y solicitar tu enmienda. Esto es lo que
dije yo por mi Profeta; poneos en pie sobre el camino Verdadero,
preguntad sobre las sendas antiguas, averiguad cual es el
mejor, de los caminos, hallándolo seguidlo, y hallareis
refrigerio á vuestras almas. Por eso viendo yo tus
deseos, y mirando tu aflicción, incline los Cielos,
y baje para enseñarte caminos de salud, y vida eterna.
Alegróse el alma de Philotéa oyendo estas
dulcisimas voces, y santísimas palabras; y con profunda
humildad, confortada, é ilustrada de aquel Divino
Señor, le dijo: Quien es el hombre, Dios mío,
que os acordáis de su flaqueza, y debilidad? y quien
soy yo, que merezca que baje á mi el Hijo Eterno
de mi Señor?
El haber venido a ti (dijo la eterna Sabiduría) Philotéa,
no lo causaron tus merecimientos, sino mi gracia, esta es
el principio de tu bien, y ella solicita a mi piedad, que
no faltare a tu socorro, ella promovió tu petición,
y tus lágrimas, Si vuestros merecimientos hubieran
de ser causa de vuestra salud, sin que mi gracia os diese
merecimientos, y mi mano primero no os levantase, siempre
estaríais rendidos, y envueltos en vuestras culpas.
De mi va a vosotros vuestro bien, y de mi procede el disponeros
vosotros a conseguir este bien. Mis intentos Philotea, son
estar con los hijos de los hombres, y este amor me inclina
á vuestro remedio.
Este amor, y caridad es el principio único de todo
vuestro socorro. Si yo no hubiera curado al herido en el
camino de Gericó: si mi mano no buscara a sus llagas,
si yo no le hubiera puesto a caballo, si no hubiera dejado
dinero para que acudiesen á su curación, si
yo no lo hubiera hecho, y pagado, y tomado por mi cuenta;
que remedio hallara aquel desdichado caminante, mucho mas
muerto, que herido sin mi socorro? Mis voces resucitaron
á Lázaro cuatriduano: mis palabras al hijo
dé la viuda de Nain: mi mano levantó á
la hija difunta del desconsolado Jayro sin esta voz, sin
esta mano, nadie puede levantarse caído, ni ser curado
ó resucitado.
Enseña el Señor a Philotea el camino
de la Cruz.
nsalcén los Cielos, Señor, vuestra piedad,
dijo Philotéa, que os habéis, acordado de
vuestra esclava, bendito seáis, que oísteis
mi petición, y inclinasteis á mis quejas esos
divinos oídos .
Pero, Señor, pues sois la eterna Sabiduría,
luz, y guía de las almas. Guiadme por caminos de
salud, ya no, Señor, en esta material peregrinación
que proseguía, sino en la eterna de mi alma.
Piérdame en el mundo al mundo para mi, y no me pierda,
Jesús mío, en el mundo para vos. Piérdame
a lo temporal, y no me pierda a lo eterno. Del cielo habéis
bajado al suelo y a enseñarme; del Cielo bajasteis
a la tierra a redimirme; así como perfeccionasteis
la redención con vuestra sangre, y vuestra muerte
preciosa, preciosa, perfeccionad el remedio de mi vida ahora
con vuestra luz, y doctrina. Mostradme, ó camino
eterno! Vuestro camino. Mostradme eterna verdad, vuestra
verdad, o vida eterna! como he de gobernar mi vida á
salud, y vida eterna.
Oye, hija, dijo él Señor, y inclina tus oídos
á mi voz, pues yo incline mis oídos, y los
Cielos á tus quejas. Oye palabras de vida eterna,
pues buscas la vida eterna. Dame e1 oído, y primero,
para que puedas después darme con el oído
el corazón, quiero pedirte la vista. Quieres ver,
Philotea, el camino, que deseas, y subir a la patria del
destierro que padeces? Quieres ver por donde se llega de
la pelea á la victoria, y de la victoria al triunfo?
Si Señor (respondió) pues vuelve los, ojos
, y mira, dijo la eterna Sabiduría y á esta
mano diestra aquel monte, y verás caminos de vida
eterna.
Volvió los ojos Philotea a donde el Señor
la señaló, y vio un monte de eminente grandeza,
y en él muchas cuestas ásperas, miró
á todas las partes del, y reconoció, que por
diversas sendas estrechísimas subían muchas
personas, hombres, mujeres, mozos, doncellas Obispos, Sacerdotes,
Religiosos casados, vírgenes, continentes, Reyes,
Príncipes, Señores, y de toda suerte de gente,
con las insignias cada uno de su estado, pero con suma pobreza,
mendiguez, y desnudez unas veces padecían calores
intolerables y otras fríos terribles. Ver á
uno; arrojar para subir este camino las riquezas, y el poder,
Coronas, y Dignidades a otros caminar descalzos, por pisar
como Moysen, con reverencia, la tierra sagrada del Santo
Monte de Oreb.
Todos subían con sus Cruces en los hombros, unos
las traían grandes otros medianas, otros pequeñas.
Subían gimiendo suspirando, y llorando en el camino,
puestos los ojos en el Cielo, y otras veces en la tierra;
en el Cielo asidos de la esperanza, en la tierra desasidos
de sí mismos, y asidos de la humildad, y pobreza.
Seguían su camino con grandísimo silencio,
y andaban todos por diferentes veredas; de suerte, que apenas
había una, que le pareciese en todo á la otra;
porque aunque se conocía en muchos, que eran de una
misma profesión, pero siendo la profesión
una misma, era diversa la senda. No vio en todo aquel monte
Philotea cosa que fuese consuelo, ni alegría, sino
tristeza y dolor: Cruces, penitencias, penas, sudor, sangre,
y mortificación. No flores, ni frutas, ni amenidades,
ni frescuras, ni fuentes. Todo era áspero, desapacible,
y penosos peñascos, breñas, riscos, espinas,
peñas, y penas, cuesta áspera, suelo duro,
finalmente, repetidas asperezas.
Reparó Philotéa (cosa de verdad maravillosa)
que los que llevaban Cruces grandes, cuando parece, que
para sí no bastaban, ayudaban á subir á
aquellos que las traían menores, y que los que iban
vestidos se quejaban más del frío, que los
andaban desnudos: que estos se hallaban mas abrigados desnudos,
que no los otros vestidos. Ayudabanse a subir con gran caridad
unos a otros, y si á uno se le caía la Cruz,
llegaba su compañero, y se la ponía: porque
sin Cruz no tenían fuerzas para subir por la cuesta.
Los que estaban adelante llamaban á los de atrás,
y los animaban, y esforzaban con el ejemplo, y la voz, y
ellos con eso se alentaban, y los seguían.
Reparo también, los que andaban más descalzos
pisaban más fuertes, y constantes lo duro del camino,
y las espinas, y abrojos, que los que iban más calzados,
y los que mas penaban subían, la áspera cuesta
con mucha más alegría. De suerte, que cuanto
era mayor el trabajó, y mas pesada la Cruz, á
ese paso crecía el gozo, y contentamiento, y cuanto
eran menores las Cruces, que traían algunos sobre
sus hombros, tanto menos caminaban y con tanta mayor pena,
y lentitud vencían a la aspereza del camino".
Las Cruces, que traían en los hombros eran diversas
unas dé madera, otras de plomo, otras de oro, otras
de hierro, y otras de diferentes metales pero todas se median,
y estimaban por el peso y alegría de llevarlas, sin
que valiesen mas, ni menos por la hechura, o la materia.
Finalmente cada uno Caminaba con su Cruz, sin volver la
cara atrás; solo unos a otros, con humildad, con
silencio, y caridad mudamente se animaban, socorrían,
y alentaban.
Admirase Philotéa de ver el camino, y monte que le mostraron, rehúsa andarlo.
Quedó admirada Philotea de lo que vio; y siendo
ella naturalmente delicada, y acostumbrada a delicias, y
regalos, viendo un camino tan áspero, con notable
sentimiento dijo:
Es posible, Señor, que para serviros, y seguiros
no hay otro camino sino este que me mostráis; como
caminaremos los flacos, y os podremos hallar, y seguir los
pecadores? Quien no ha conocido la Cruz sino en él
nombre, como podrá traerla sobre sus hombros? y quien
aun no ha sabido el camino de adorarla, como sabrá
el de traerla? No tendréis otro camino, Jesus mío,
por donde os busquemos, y os hallemos, que no sea de tan
terrible tormento? Es posible, que habéis de poner
tanta dificultad al seguiros, y tantas penas, y tormentos
al hallaros?
Poned, Jesus mío; los tormentos, y la Cruz, y las
penas, y las asperezas, y dificultades al dejaros: y la
suavidad, y la dulzura, y la facilidad, y el descanso al
buscaros, y seguiros. Quien os deja, ese es quien merece
padecer, mas no carguéis de penas a quien os sigue.
Ay de mi! como he de poder seguiros por tan áspero
camino; y mucho mas ay de mi! si no os sigo, y me niego
al camino de seguiros, y adoraros. Ni tengo fuerzas para
seguiros, ánimo para dejaros.
Pues no vas, dijo el Señor, á adorar la Cruz
con pasos acelerados, Philotea? SÍ Señor,
respondió. Más no es lo mismo adorarla, que
traerla, yo la quiero adorar en vos, pero tiemblo de traerla
sobre mí. La quiero para adorada, mas no para padecida;
voy a ella, y temo el andar con ella,
No te aflijas, Philotéa, Dijo el Señor y porque
dentro de la pena esta el alivio, y en el trabajo el socorro.
Mira con ojos de carne estas penas; hallaras que son menores
y aun ningunas, si las mirares con los ojos del espiritu.
Miras engañada al monte de vida eterna, y el camino
verdadero de la gloria: otra cosa fuera, y muy diversa te
pareciera, si lo miraras con luz, y desengañada.
Cree, hija, que el haber mi Padre, y yo señalado
este camino a las almas, ha sido para mi bien, y remedio,
y que andarían mucho menos, y con mayor desconsuelo,
siguiendo otro camino diverso del que les he señalado
con la voz, con la doctrina, y ejemplo.
Replicó á esto Philotea, diciendo: Pues Señor
y si vos vinisteis del Cielo á la tierra, solo para
levar almas al Cielo: si a eso conspiraban vuestros misterios
desde el pesebre á la Cruz, y en este camino halla
tanta dificultad la naturaleza, y por eso tiene tan pocos
seguidores la gracia, respecto de aquellos que viven cautivos
del apetito, no podíais darnos otro camino para amaros,
y serviros, de mas suave, dulce, fácil y deleitoso,
que el de la Cruz tan penoso, afligido, y desabrido? No
fuera bueno que os siguiéramos entre gustos, recreaciones,
deleites, gozos, riquezas, contentos, y tendríais
infinitos seguidores y abundaría, vuestra escuela
de gran numero de Discípulos?
O Philotéa, dijo el Señor, que engañada,
y que ciega que discurres! Esas no son palabras de vida,
sino de veneno, y muerte. Esas te han dictado la carne,
mas no mi Padre, la pasión, no la razón, el
apetito sensual, no el espiritu, y mi gracia. Como se conoce
que no tienes sabor de mi, sino del mundo, y de tus locas,
y vanas recreaciones; y gustos Has seguido neciamente la
vanidad, las tinieblas, y mentira, Y así no encuentras,
ni hallas discursos de claridad, y verdad. Forzoso es para
enseñarte, Philotéa, que comience mi doctrina
desde las primeras letras, y qué con las primeras
luces alumbre tu entendimiento, para que después
me siga rendida tu voluntad.
Señor, dijo Philotéa, no mires á mi
ignorancia; antes bien alumbrad á mis tinieblas.
Si he hablado como una de las mujeres que no saben que es
verdad, y andan a oscuras, dadme luz, pues sois luz, guía,
camino, y verdad.
Da luz el Señor a Philotea, para que siga el camino de la luz, y satisface a sus dudas.
No me pesa, Philotea, dijo el Señor, que me propongas
tus dudas, pues solo en mi, y en aquellos: á quien
alumbra mi luz, hallarás la cierta sabiduría,
todo lo demás es engaño, y vanidad.
Sabrás hija, que desde el primer pecado, por la trasgresión
al precepto, se cerro el Cielo que yo tenia patente a la
inocencia y con lo mismo que cerro, la culpa el Cielo ,
abrió, para todas las almas que siguiesen aquel camino
de culpas, el Infierno, con eso la naturaleza herida, y
flaca, y la razón natural enervada, y enflaquecida,
y cautiva del apetito: toda carne fue cada dia mas, y mas
corrompiéndose, y perdiendo su camino; y cada uno
desde el vientre de su madre, como dijo el Profeta, erraba,
y comenzaba caminos de perdición: y todo lo gobernaba
en el mundo la carne, y el apetito, y solo algunos a quien
la eficacia de mi gracia reservaba de aquella universal
perdición, que respecto de los otros, y fue una línea
muy delgada de Adán a Noe, de Noe á Abrahan,
de este á Moysen, de Moysen á David, desde
David, hasta que yo me hice hombre, para salvar á
los hombres, apenas había en el mundo verdad, ni
rectitud, ni justicia, y solo se conservaba en muy poco
seguidores de mi Ley.
Viendo yo esta universal ruina de mis criaturas, y que la
carne era el impedimento para que el alma no siguiese lo
que pedía el espíritu, quise curar á
la carne con mi carne, y dar espiritu á la carne
con mi espiritu. Y que si la carne, y su apetito había
cerrado el Cielo, mi carne, y mi espiritu diese espiritu
á las almas, y les abriese el Cielo, y les cerrase
el Infierno y finalmente, tomar sobre mi las culpas, para
borrar vuestras culpas con mis penas, abriéndoles
un camino Nuevo, justo, razonable y honesto, muy dulce,
suave, y fácil, por el cual se salvase el linaje
humano, que fin él corría á la perdición.
Camino nuevo: porque hasta que yo, segundo Adán,
reforme las ruinas que causó el primero Adán,
apenas se conocía el dolor, las lagrimas, la penitencia,
la soledad, y abstracción: porque si bien la tuvieron
vuestros primeros Padres, y otros seguidores suyos, á
quien yo comuniqué esta santa, y necesaria doctrina,
pero toda era reducida a mi; y porque yo en los tiempos
venideros la había de platicar, y su mérito,
y virtud, tomaba la estimación y la fuerza en lo
que yo después había de obra.
Justo, porque si la carne arrastrada del torpe apetito fue
la causa de las culpas, ó el apetito arrastrado,
y envuelto en carne, y pensamientos de carne, pagase la
carne en mi vuestras culpas; y tomando vuestra carne, hecho
yo hombre por vosotros, padeciese mi carne lo que pecó
vuestra carne, y mis penas fuesen medicina, y remedio á
vuestras culpas, y mi Pasión os diese luz, y desterrase
á vuestras pasiones, y que todos aquellos que me
siguen fuesen, dando complemento á mi Pasión,
logrando ellos lo que he trabajado: y que pues yo les di
el mérito, me diesen la imitación: y que entre
las almas, y yo se consumase la redención de las
almas, y yo dando la gracia, el valor, el esfuerzo, los
auxilios, los socorros, y el merito; pero ellos la obediencia,
la imitación, y el rendirse á mis preceptos,
y el seguir mis consejos, para poder guardar con perfección
mis divinos Mandamientos. Finalmente, justamente condené
á penas al apetito, y la carne que causaba tantas
culpas, pues justo es que pague en penas la ruina que al
alma causaba en culpas; y que pues pecó el apetito,
y la carne, sea la castigada la carne, y enfrenado, mortificado,
y refrenado el apetito.
Razonable es también este camino. Porque si el apetito,
y la carne fueron la perdición de las almas; no era
razonable, ni conveniente, que mandase en ella la carne,
ni el apetito: pues claro está que por los contrarios
medios que se pierde un Reino, se ha de venir á ganar:
y si lo perdieron los vicios, y la relajación, la
omisión, el descuido, la pereza, y cobardía,
lo ha de cobrar, y recobrar el valor, la constancia, la
diligencia, la pericia militar. Es menester mudar gobierno
en las cosas, ó modo de gobernar, para gobernar lo
perdido.
Mudé gobierno en las almas, para cobrar á
las almas; las destruía el apetito, que traía
arrastrada, y a sus pies á la razón: el apetito
engañaba, adormecía, entorpecía al
alma con los vicios. Entregue el cetro a la razón,
y quítelo al apetito, y con mi luz superior la alumbré,
y con el calor de mi espíritu la conforté,
para que rindiendo á este furioso enemigo, se introdujesen
en el alma las virtudes, y al mismo tiempo, y con eso se
desterrasen de ella las pasiones, y los vicios, y que si
cobraron fuerzas la carne, y las pasiones, con darle cuanto
pedía el apetito, y gobernase por él, y con
eso oprimía, y oscurecía a la razón,
y la cautivaba, y ausentaba del alma cobrasen, por mis méritos,
y penas, fuerzas el espíritu, y la parte superior,
y fuese alumbrada, y confortada, para que domase la carne
con la mortificación, con la penitencia, el dolor,
y contrición, y con eso entrase mi gracia, y la vistiese
de gracia, para que sujetase, desterrase de esta suerte
las pasiones que la traían perdida; con la cual,
y con la abnegación de su amor propio entrase mi
amor, y la calentase y caldease, y encendiese en mi caridad,
y amor y con ella, y con él fe gobernase por el.
Ves, Philotéa, como todo esto es justo, y muy razonable?
También este camino, sobe justo y razonable es honesto
porque el apetito, y la carne desde la primera prevaricación,
y culpa, siempre persuade al alma a lo peor porque aquella
primera herida, o aquella antigua, y primera raíz,
y fomento del pecado retoñece en todos los hijos
del viejo Adán; y así está el alma
inclinada, declinada, y torcida a lo peor, y busca gustos,
deleites, recreaciones, y conteneos, aunque sea desviándose
de aquella suprema regla de lo santo, y honesto que tienen
en los Mandamientos Divinos; de suerte, que la ambición
por crecer no repara en ofender la justa moderación:
la soberbia, por subir, no repara en ofender la humildad:
la lujuria, por ocuparse en torpezas, no repara en pisar
la castidad: la codicia rompe por lo ajeno, y lo roba, solo
por hacerlo propio: con que con rendir yo, como rendí
con mi gracia, y por mis penas al apetito, quítele
al demonio su imperio dándolo a la razón,
la llene de luces, y auxilios míos, y templé
este seminario, de pasiones, y de vicios, insolencias, injusticias,
fealdades, maldiciones, homicidios, robos. Porque la razón
que manda al alma, se gobierna por mi Ley, y por mi voluntad;
y yo la gobierno a ella, y aborrece lo malo, y sigue lo
bueno, y promueve lo mejor, y huye el alma del vicio, y
sigue la virtud, y ejercita las virtudes y finalmente, obra
en todo lo tanto, bueno, y honesto, porque la gobierno yo.
Propone otras dudas Philotea, con el recelo de entrar en el camino de la Cruz, y se las desata el Señor, y la anima con la suavidad, y dulzura del camino.
Grande consuelo recibía el alma de Philotéa
con las dulces razones, y palabras del Señor, y con
ver, y sentir tan clara luz, y conocimiento en sus dudas.
Pero eran tan grandes sus temores, y el horror que le habían
causado el ver tantas Cruces, penas, y desabrimientos en
aquel monte, y camino que le mostró el Señor
para guiarla, y encaminarla,, y miedo que tenia de andar,
y entrar en el desabrido de la Cruz, y traerla sobre sus
hombros, que aunque la verdad, y luz de la doctrina la convenció,
todavía el rigor, y aspereza del camino, y de la
Cruz la espantaba. Y como el Señor le declaró
lo nuevo, lo justo, y lo razonable, y lo honesto del camino,
y no le dijo cosa de lo fácil y de lo dulce, de lo
suave que había propuesto en el, Philotéa,
que en lo honesto, razonable, y justo, amaba mas lo suave,
y lo dulce, y fácil, no olvidada de esta dulce suave,
y fácil proposición, dijo al Señor.
Grande gozo, ó eterno bien de las almas ha recibido
la mía, de haberme manifestado con tan grande claridad
lo justo, lo razonable, lo honesto de esté camino;
y reconozco ya la conveniencia que tiene el seguiros con
la Cruz sobre los hombros. Honesto es, y llena de honestidad;
justo, y llena de justicia: razonable, y encamina, y contiene
en la razón: ya he llegado á entender, que
la Cruz es la vara de la divina justicia, que da a las almas.
Justicia es él cetro de la razón, que pone
a las almas en razón, es la medida de lo santo, y
razonable, que hace que vivan con razón, regla, y,
medida es la puente por donde de esta vida se llega á
la eterna vida; pero este camino justo, santo y razonable,
dádmelo fácil, Señor, Dadme con lo
útil lo suave, dadme dulce lo mismo que dais honesto;
dadme con lo razonable lo agradable. Queréis vos
que me persuada, o bien eterno, que el penar es descansar?
Que crea, que deja de ser el sudor fatiga, la penitencia
dolor? Que dejen de ser las penas congoja, y tribulación?
Veo subir reventando por lo áspero de este monte
a aquellos que van venciendo con dificultad la cuesta; veo
que caminan entre penas, y suspiros, lagrimas, sangre, y
dolor: a este llamaré camino, suave, y fácil,
Útil, si: honesto, y razonable, convenirte, pero,
fácil, y suave, eso no.
Y si no es fácil, Dios mío, yo flaca, y débil,
y delicada, que he de hacer? Como he de andar penando, y
padeciendo por camino, sobre desviado, duro? Como es posible,
que os sigan en Cruz hombros flacos, que no conocieron Cruz?
Qué me importa lo honesto, que deseo apetecer, lo
razonable, que deseo imitar, lo justo, que debo obrar, si
me falta lo posible, y para hacer lo posible, me falta lo
dulce, y fácil? Serviriame de tanto mayor pena, y
desconsuelo la Cruz, cuanto no me entretiene el engaño,
antes veo el bien, y no lo sigo, porque es dificultoso seguirlo.
Veo mí utilidad, y la conozco; y porque no la puedo
(por su aspereza) seguir no la puedo conseguir. O Señor
haced fácil lo honesto! Haced suave lo razonable,
y haced dulce lo que es justo, y razonable, y honesto.
O hijos de Adán, respondió el Señor
á Philotea, duros, y fuertes de corazón! Siempre
declináis a la siniestra, y huís por lo dulce
de lo honesto, y volvéis las espaldas á lo
santo por lo fácil. Huís mis caminos por seguir
los vuestros, más despeñaderos, que caminos.
Lo primero, Philotéa, quien te, ha dicho que cuando
el seguirme, y servirme no tuviera facilidad no habíais
de emprender este camino, y vencer toda su dificultad? Por
qué no ha de costar dificultad el alcanzar eterna
corona, y gloria? ¿Os he de dar dado el Cielo, cuando
compráis a tan caro precio el suelo, y los bienes
de la tierra? Por ventura merece menos el gozarme eternamente,
que el gozar vosotros en el mundo vuestros deleites, gozos
momentáneos, ligeros? Dado el Cielo, á caro
preció la tierra! Para conseguir esto momentáneo
temporal padecéis innumerables tormentos, suspensiones,
aflicciones, persecuciones, afrentas, y huís de padecer,
para conseguir gozos, que nunca se acaban? Qué locura
es esta, Philotéa? tanto animo, y aliento para arrojaros
a las penas del Infierno por un deleite apenas conseguido
por un puesto, una honra apenas alcanzada, y ya desaparecida;
y tanta cobardía, y desaliento para conseguir la
Gloria? Que desatino no es el padecer tanto como padecéis
para condenaros, y no querer padecer tanto menores penas
por salvaros? Cuando yo os pidiera penas sin consuelo, y
dolores sin alivio por la Gloria, no os la daba muy barata?
Por ventura, no merece el gozar eterno tiempo el padecer
poco tiempo? Inmenso peso de Gloria no merecerán
siquiera ligeras, y breves penas? será mejor lo que
hacéis, penar por gozar aquí, y apenas llega
con el penar el gozar, cuando se acaba el gozar, y se comienza
eternamente á penar?
Afligiese Philotéa, recelando el enojo del Señor y su Divina Majestad la consuela, y enseña el origen del camino de la Cruz.
Viendo Philotéa, que parecía que se enojaba
el Señor, y que se volvía severidad, y celo
su blandura, y rigor su suavidad, le dijo, Señor,
eso es evidente; he hablado, no como flaca, sino como la
misma flaqueza, y debilidad. Locos somos, ciegos, Jesus
mío, estamos; pero, Señor, ya que no podemos
como flacos ir a Vos, venid á nosotros Vos, fortaleza
de los flacos. No puede nuestra flaqueza seguir vuestra
fortaleza, venga vuestra fortaleza á animar nuestra
flaqueza; no puede el niño ponerse en la proporción
del Profeta, para ser resucitado; hágase niño
el Profeta, y proporciónese al niño, y cobrará
vida el niño, por la virtud del Profeta.
Asi es como decís, pero, todo cuanto habéis
probado, ó Bien eterno: convence, que es justísimo
el padecer por la gloria, y por seguiros, pues el seguiros
es gloria; pero no probáis con eso que os seguimos,
y conseguimos sin padecer, ni que es fácil el seguiros
padeciendo, ni que os seguimos gozando. Y así señor,
todo eso es probar lo justo, mas no lo dulce, y suave. Es
probar que es justo vencer la dificultad, pero no mostrar
la facilidad; y yo bien veo, Señor, que es justísimo
el padecer para buscaros, y hallaros, y gozaros, y que cuanto
padecen los Santos en esta vida de penas, y los perdidos
en una vida de culpas, y los condenados en un infierno de
culpas, y de penas, es ligero padecer, si hubiera de ser
precio de tan grande bien, y con él se comprase el
gozaros, y alabaros eternamente en la Gloria.
Mas, Señor, yo flaca, pobre de virtud, y de fuerzas,
¿cómo hallaré, y juntaré el
caudal penoso, y duro de este precio, cuando me siento sin
fuerzas para las penas? Dadme, Señor, un camino tolerable.
Yo amo la Cruz, y la adoro, y la reverencio; pero traerla
en los hombros, y romper por asperezas, y vencer dificultades,
para mí lo tengo por imposible. Si solo buscando
la Cruz sin Cruz, habéis visto, Señor mío,
que me he perdido en el camino, y que ya fatigada de mi
Cruz, no podía tolerar la Cruz de haberme perdido
por lo llano, por lo ameno del camino; ¿como podré
caminar con Cruz por lo áspero de ese monte, por
lo siniestro de esa cuesta? Haced para mí otro camino
Señor, que os siga, y sea sin Cruz.
Compadecido el Señor de Philotéa, le dijo:
Anímate, Philotéa, que aunque no es razón
hacer otro camino para ti del que he hecho para mi Madre,
mis Apóstoles, y todos los demás Santos, y
para toda la Iglesia, que es el real, y seguro de la Cruz,
que yo por mi mismo y con mi Sangre he formado, y afirmado,
y confirmado: yo seré su compañía,
y su guía, y socorro, y con eso no tienes que recelar
el camino. Yo seré todo tu esfuerzo, y constancia,
y haré que mi gracia, dé tal ánimo
a tu espiritu, y flaqueza, y tales fuerzas, que puedas llevarla
sobre los hombros con valor, y fortaleza.
Entonces Philotéa, temiendo que ya le ponía
Señor la Cruz en los hombros, le replico: Señor,
bien podéis cuanto queréis, bien podéis
hacer camino al Cielo sin Cruz. Nada hay a vos limitado,
ni tiene termino vuestro poder. Mirad que me faltan fuerzas
para padecer tantas penas, como me amenazan en esta senda
asperísima, y que no podré llevar vuestra
Cruz fin caer, y descaecer. Pues me dijisteis al acreditar
el camino de la Cruz, que era fácil y suave mostradme
primero la suavidad, y facilidad antes que con la experiencia
vea su dificultad. Dulce, y recto es el Señor, nos
dice vuestro Profeta, mostradme lo dulce antes que llegue
á lo recto. Vuestro yugo es suave, y vuestra carga
ligera, mostradme lo ligero, y lo suave antes de ponerme
el yugo, que a. mí me parece grave. Más fácilmente
sigue la voluntad convencida, y alumbrada por la luz que
dais al entendimiento: no os canséis, Dios mío,
de sufrirme, y enseñarme, pues no os cansasteis de
penar al redimirme.
Habreme de conformar, o Philotéa, contigo, pues tu
no quieres conformarte humildemente conmigo. Yo te probaré
primero con el discurso, y después con la autoridad,
y ejemplo la facilidad, y suavidad del camino de la Cruz.
Es bien que enciendas, Philotéa, que luego que el
primer hombre, como te he dicho, desamparó la inocencia
original con la culpa, y trasgresión del precepto,
se desnudo de la túnica que tenia vestida de mi gracia,
y se vistió de las pieles de muerte, que tuvo luego
presente, y así fue forzoso, que deudor por tan graves
culpas, lo fuese también de penas. Por que al delito
sucedió inmediatamente la sentencia, a la sentencia
el castigo, al castigo las penas que dio la misma sentencia.
Pecó el hombre, pene el hombre: ofendió a
su Criador, padezca la criatura, y pague la culpa con que
se atrevió á ofender su Criador; estimando
su gusto, y apetito perdió a Dios, pues sea castigado
el hombre que dejó á Dios, por seguir torpemente
su apetito. Todas las criaturas le obedecían, porque
él obedecía Criador de todas las criaturas,
pues todas las criaturas se le rebelen, pues él se
rebeló al Señor de todas las criaturas.
Desde entonces sintió la carne flaqueza, y huyó
del alma la fortaleza. Desde entonces los elementos son
pena al hombre, que eran antes toda su recreación.
Desde entonces, desterrado de la patria, comenzó
a padecer las injurias, y pobreza del destierro. Pidió
al sudor su sustento, por que sin él no quiso darlo
la tierra: los dolores, y las penas, y tribulaciones le
acompañan, y en medio de los gustos, que busca el
apetito, halla tantos desabrimientos, y disgustos, que vencen
aquellos gustos por que anhela su apetito.
De aquí resulta, Philotéa, que el penar acompaña
á la vida con una natural necesidad, como al vivir
el alentar, y el gemir, y el suspirar, con lo cual desde
el nacer al morir todo es penar. Pinta los mayores gustos,
imagina los mayores deleites, contentos, recreaciones, aunque
sean con mis ofensas, y aunque las solicites sin cuidar
de mi Ley, ni de la gloría que perdéis, ni
del infierno a donde vais: que en estos gustos, o antes
de ellos, ó después de ellos, o en ellos habéis
de padecer tantas penas, y disgustos, que en pesando con
justa balanza estas, y aquellas, hallareis, que sobreponen
los disgustos a los gustos. De suerte, que en esta vida
se ha de padecer, ó siguiéndome, ó
persiguiéndome: se ha de padecer, ó venciendo
con la Cruz el camino de la Cruz, ó siguiendo otro
camino, sin Cruz; pero con más duras Cruces que os
llevan, y precipitan por el deleite al Infierno.
Entonces Philotea dijo: Señor, creo (pues e que lo
decís) que se padece en lo vano mucho mas que no
en lo bueno pero qué es la razón por que los