EL CAMINO DE LA CRUZ

PEREGRINACIÓN DE PHILOTÉA
AL SANTO TEMPLO, Y MONTE DE LA CRUZ

 

 

ÍNDICE DE LOS CAPÍTULOS QUE SE CONTIENEN EN ESTE TOMO

LIBRO PRIMERO

  Carta Pastoral a los fieles del Obispado de Osma.
CAP. I Patria, Padre, y Hermanas de Philotéa, y su peregrinación al Santo Templo de la Cruz.
CAP.II Pierdese Philotéa en su peregrinación; pide socorro Jesus con vivo sentimiento, y tiernas lagrimas.
CAP.III Socorre la eterna Sabiduría a la atribulada Philotéa.
CAP.IV Enseña el Señor a Philotea el camino de la Cruz.
CAP.V Admirase Philotéa de ver el camino, y monte que le mostraron, rehúsa andarlo
CAP.VI Da luz el Señor a Philotea, para que siga el camino de la luz, y satisface a sus dudas
CAP.VII Propone otras dudas Philotea, con el recelo de entrar en el camino de la Cruz, y se las desata el Señor, y la anima con la suavidad, y dulzura del camino.
CAP.VIII Afligiese Philotéa, recelando el enojo del Señor y su Divina Majestad la consuela, y enseña el origen del camino de la Cruz,
CAP. IX Vuelve Philotéa a asegurarse con diversas preguntas, en el camino Real de la Cruz, antes de seguirlo, y el Señor la va alumbrando.
CAP. X Reconoce Philotéa la fuerza de el discurso del Señor, y todavía le replica su flaqueza, rehusando tomar sobre sus hombros la Cruz.
CAP.XI Vuelve Philotéa a hacer nuevas Instancias al Señor, sobre que le haga suave el camino de la Cruz, y el Señor la satisface a sus dudas.
CAP.XII Hace Philotea otra instancia al Señor y sobre que le haga otro camino, y no de Cruz, el Señor la desengaña.
CAP. XIII Pregunta Philotéa al Señor cómo es posible que estén alegres los que siguen el camino de la Cruz si caminan llorando, gimiendo, y suspirando: y se lo manifiesta.
CAP.XIV Enséñale el Señor a lotea como se compadece holgarse, y padecer a un mismo tiempo el Varón espiritual.
CAP. XV Hace otra instancia Philotea al Señor dudando que la Cruz pueda ser gozo, y se lo explica con discurso claro, natural, y fácil.
CAP.XVI Pide Philotea al Señor que la explique algunos efectos de los que causa la Cruz, para que esté alegre el alma y se los explica.
CAP.XVII Añade el Señor otros tres, efectos que causa la Cruz en el alma, para pacificarla, y proponele a Philotéa algunos ejemplos.
CAP.XVIII Suplica Philotéa al Señor, que sobre los efectos que le ha explicado del misterio de la Cruz, la diga su conveniencia, y motivos, y el Señor se la explica.
CAP.XIX Propone el Señor a Philotéa otros ilustres motivos, para abracar la Cruz del Señor, y seguir este seguro camino.
CAP. XX Aficionase Philotéa a la Cruz, pero pide treguas para recibirla, y la reprende el Señor,
CAP.XXI Prosigue el Señor en reprender ásperamente a Philotéa, porque pone dilaciones al seguir el camino de la Cruz.
CAP.XXII Humillase Philotea a reprensión del Señor, aunque le hace otra instancia, por dilatar el seguir el camino de la Cruz y el Señor vuelve a reprenderla.
CAP.XXIII Rindese Philotéa a tomar la Cruz sobre sus hombros, capitulando con el Señor sobre ello.
CAP.XXIV Manifiesta el Señor a Philotéa las falsedades de sus discursos, y réplicas, y propínele diversos ejemplos para seguir la Cruz.
CAP. XXV Propone Philotéa al Señor algunas razones, para que le admita sus capitulaciones y el Señor la desengaña.
CAP. XXVI Vuelve a convencer el Señor a Philotéa, declarándola y cuan engañada discurre en querer ponerse ella a sí misma la Cruz á su gusto y a su modo.
CAP. XXVII Enseña el Señor a Philotéa cuan grande es su engaño en pedir Cruz pequeña y no grande.
CAP.XXVIII Dale el Señor luz a Philotea, deque no le conviene, que su Cruz no sea larga, ni ignominiosa, ni de la calidad que la quiere.
CAP.XXIX Propone Philotéa la causa por qué pide que su Cruz sea honrada, y el Señor la desengaña, y le enseña que no le contiene traer Cruz transparente, y lucida.
CAP.XXX Enséñale el Señor a Philotéa cuan engañada discurre en no llevar cada dia la Cruz.
CAP.XXXI Propone algunas dudas Philotéa, sobre el traer su cruz, o la del Señor, y sobre que no es posible, que los gustos lícitos y permitidos sean cruz.
CAP. XXXII Percibe Philotea la doctrina, en cuanto a traer la Cruz, del Señor, y no la suya, y le pregunta, porqué con tanta diferencia reparte Cruces a las almas?
   
LIBRO SEGUNDO
CAP.I Reducese Philotea a Tomar la cruz del Señor sobre, los hombros, pero pretende admitirla, sin despojarse de la gala que traía.
CAP.II Reprende el Señor Philotéa porque no quiere dejar sus galas para tomar la Cruz sobre sus hombros.
CAP.III Procura Philotea satisfacer al Señor, persuadida qué se compadece amar las galas, y el espíritu, y el Señor la desengaña.
CAP.IV Dale el Señor a escoger a Philotéa diversas cruces, y se halla sumamente confusa, toma una anda con ella, pero no por el camino dé la cruz.
CAP.V Pídele Philotea al Señor, que la deje con algunas galas, pues las traen otros con Cruz, y su Divina Majestad la da admirable doctrina.
CAP.VI Escoge el Señor de las galas de Philotea las que parecían mas al intento de seguirle con la cruz sobre los hombros.
CAP.VII Ofrece Philotéa al Señor las galas de su cabeza, pero defiende cuanto puede seguirle con pies calzados.
CAP.VIII Pregunta Philotéa al Señor, por qué le manda, descalcar, habiendo tantos Santos que le han seguido calzados, y se lo enseña el Señor.
CAP.IX Ofrécese Philotéa descalza a tomar la Cruz; mándala el Señor que tome la que le señala y su divina Majestad la ayuda, y comienza a caminar.
CAP.X Prosigue su camino Philotea con alegría, y llega al pie del monte santísimo de la Cruz.
CAP. XI Sube por el monte Philotea con alegría, y consuelo, y vence no pequeña parte de su aspereza.
CAP. XII Va prosiguiendo Philotéa su camino, y la sucede una terrible tormenta, y tribulación.
CAP.XIII Viene el Señor, y a Philotea la reprehende, y le dice, cuanto mas padecen que ella sus hermanas.
CAP.XIV Vuelven sí Philotéa, y pide al Señor perdón, y algunos remedios para sus tribulaciones, y se los da.
CAP.XV Pide Philotéa al Señor algunas Virtudes, para cuando fuere atribulada; y el Señor le enseña en las que ha de ejercitarse.
CAP.XVI Propone el Señor otras dos Virtudes á Philotéa, para el tiempo atribulado.
CAP.XVII Prosigue Philotéa su camino, y va subiendo la cuesta del monte con grandes tribulaciones.
CAP.XVIII Crecen las tribulaciones de Philotéa, y con ellas vence mas aprisa las asperezas del monte.
CAP.XIX Vuelve el enemigo común a procurar expugnar a Philotéa, y quitarla la, de los hombros.
CAP.XX Vence Philotéa lo más áspero del monte, y llega a unos collados altísimos muy cerca de su eminencia, y comienza a arder en la caridad Divina
CAP.XXI Despide Philotéa de si, con la fuerza del amor y las galas que le habían quedado, y se viste una humilde y pobre túnica.
CAP.XXII Vuelve el tentador a afligir a Philotéa: ella se defiende, y llama a su Maestro Soberano.
CAP. XXIII Consuela el Señor a Philotéa, y ella con dulcísimas razones manifiesta el amor que abrasa a su alma.
CAP.XXIV Responde, y corresponde el Señor a las finezas de Philotéa, y la anima con que ésta cerca la corona.
CAP.XXV Prosigue Philotéa su camino, padeciendo grandes ansias, y penas con el amor.
CAP.XXVI Cría grande aborrecimiento de si Philotéa, crece el amor, y se pone una corona de espinas en la cabeza.
CAP. XXVII Vuelve el Señor a Visitar a Philotéa, y tienen una interlocución muy dulce y enamorada
CAP.XXVIII Pregunta el Señor a Philotea quien le dio valor para ponerse la corona de espinas, y de dónde le ha crecido aquel amor? le responde, y pide muerte de Cruz.
CAP. XXIX Concede el Señor a Philotea su petición, y la previene para morir en cruz y ella alegre está cantando sus alabanzas.
CAP. XXX Descríbase el teatro en que Philotéa padeció, y gozo dichosa muerte de Cruz, y entra en él.
CAP.XXXI Crucifican los Ministros del Amor Divino a Philotéa, clavándola las manos, y los pies,
CAP. XXXII Rinde su alma Philotea a su Maestro Soberano, en la Cruz, con las siete palabras que dijo en ella por ella.

 


ADVERTENCIA.

El motivo que tuvo nuestro Venerable Obispo para escribir este ingenioso, y devotísimo Libro, le expone él mismo en la Carta Pastoral del principio, para los fieles del Obispado de Osma, donde también señala el tiempo en que se dedicó a su formación, que fue en la Visita del año de 1657. desde Abril hasta mediado Julio; y esto mismo confirma el Doctor Magano, que le acompañaba como visitador. Dos obras tuvo su pluma por ejemplar para la suya, la Vía Regia Crucis del erudito Benedictino Aefreno, y la Philotéa del glorioso Obispo de Geneva San Francisco de Sales. Estos dos Escritos memorables dieron impulso a su pluma para que labrase otra obra nueva, que mirase al mismo fin de inclinar las almas al camino de la perfección, y de la Cruz. Como había tantos años que la llevaba el Siervo de Dios tan prolija, como se lo mostró a una alma, que refiere en su Vida Interior; pudo con ciencia práctica comprender su importancia, y describirnos con el primor que lo hizo, la peregrinación del santo camino de la Cruz. Enviando este Libro a unas Religiosas, las dice el Venerable lo siguiente: Esa Dama envió a Vosotros. Por si quisieren darle la profesión: en ese libro la hallarán: léanlo Vosotros y esas Santas en sus aposentos, que yo creo que no se la negarán, porque aunque comenzó como yo, acabó como vosotros. En acabando de leerlo entenderán el enigma. Imprimible de orden del Venerable Escritor en Madrid a los fines del año de 58. y principios de 59. su grande Amigo, y en otro tiempo condiscípulo de la Universidad de Salamanca Don Francisco Gracian de Berruguete, Secretario del Rey nuestro Señor. A esta primera edición, que se hizo en cuanto, se han seguido otras muchas en Barcelona, Madrid, y otras parte. Y últimamente el R. P. Fray Josef de Palafox, año de 1664. le dio en el tomo cuarto de su colección, desde la pag. 515. Hacen memoria de este escrito Don Nicolás Antonio y el Obispo de Guadix Don Fray Miguel de San Josef.

 

Prólogo, y Carta Pastoral

A LOS FIELES DEL OBISPADO DE OSMA,
JUAN, su indigno Obispo, salud, y eterna felicidad.
Mihi antem absít gloriari nisi in Cruce Domíní nos tri Jesu-Christi. Ad Galat. 6. v. 14.

Estando para partir dé la Corte el año de 1654. a servir esta Santa Iglesia, me puso en las manos uno de los Sujetos mas ilustres en sangre, letras, y ejemplo que hay en ella, un Libro intitulado: Vía, Regia Crucis, compuesto por el Rever. Padre Benedictino Aefreno Prepósito del Monasterio; Afligeniense, de las primeras plumas de Flandes, así en espíritu, como en codo genero de erudición. Pidióme con mucho encarecimiento, que los diese a nuestra lengua, por la utilidad grande que dé ello podía resultar y habiendo suspendido la resolución hasta ver el Libro, lo leí con particular atención y gusto; porque sin duda se compone de las dos circunstancias, que hacen amable la lección, que son dulzura, y utilidad.

II. Conocese, que aquel aventajado caudal que lo escribió, es hijo de la Augustísima Religión de San Benito que tanto ha ilustrado la Iglesia con su enseñanza, y aun algunos siglos, (poco menos que sola) pues sin duda en ellos sobre todos los demás estados, y profesiones, enseñó el ejercicio de las sagradas letras y todo genero de buena, y santa disciplina.

III. Después de haber leído este tratado hube de suspender el obrar, y aun el acordarme de él, ocupado en el Episcopal Ministerio, que apenas deja tiempo para respirar, y mucho mas al comenzar a servirlo en alguna Iglesia por haber de tomar conocimiento, y dar asiento, y dirección á todo lo que toca á su gobierno. Pero este año de 57. Partiendo a la Visita de este Obispado, y juzgando que por las mañanas, antes que los súbditos diesen materia al ejercicio Pastoral, por estar aun recogidos, habría algún lugar para obrar en esto, sin faltar al principal empleo de mi oficio, lo traje conmigo para ejecutar este intento.

IV. Volvilo a leer, para trasladarlo á nuestro idioma, mas hallé en mí tanta repugnancia, ó para decirlo con mayor conocimiento, tan poca habilidad, que me pareció, que no seria traducir, sino deslucir esta obra; así porque no es fácil pasar de un idioma a otro la propiedad que tienen entre sí sus locuciones, como porque tampoco le es el ajustarse los estilos particulares de los Autores; pues así como son diferentes los rostros, y los encendimientos lo son comúnmente los conceptos, frases, y maneras de hablar, y aun todas las demás humanas operaciones.

V. Con esto me pareció dejar el asunto, y reservar para él otra pluma de mayor destreza, aunque por no dejar de aprovecharme á mi, y a mis súbditos de tan excelente argumento, como ensalzar el camino de la Cruz, resolví hacer otra obra a la vista de su imitación, tomando de esta algo de los nombres, y de la idea, que formó para si aquel erudito Ingenio, pareciéndome, que en esto hacia buenos oficios al Autor, a los Lectores, y a las almas de mi cargo.

VI. Al Autor, con no deslucirle una obra, tan perfecta, y llena de erudición, haciendo que pareciese menos hermosa en nuestra lengua, que en la que él con tanta propiedad la escribió. A los Lectores, pues verán con alguna diferencia tratado este santo asunto; porque en el latín hallarán gran fuerza de autoridades y aquí puede ser, que hallen tan eficaces razones, que no, queden menos persuadidos, y convencidos con estas, que con aquellas. A las almas de mi cargo, á quien principalmente se endereza siempre: la doctrina, y mi cuidado, porque les ofrezco la mas sustancial, útil, y santa enseñanza, que él Pastor puede, ni debe dar a sus ovejas, que es criarlas con la leche de la Sangre de Cristo. Y sustentarlas con el pan de sus dolores, y penas reducidas a la práctica, veneración, y amor ternísimo al misterio excelente, y inefable de la Cruz.

VII. Porque sin duda alguna, Fieles, la materia de este tratado, que se reduce a exhortar a que padezcamos por Dios, y lloremos nuestras culpas, tiene cinco propiedades admirables, y sumamente amables, y estimables, de las cuales se habla con mayor dilatación en esta obra, y aquí los apuntaremos, por servir este breve Discurso de Carta Pastoral, de Dedicatoria., y Prólogo y estas son la excelencia de la Cruz, su utilidad, su necesidad, su dificultad, y con esa misma su dulzura, y suavidad.

VIII. La excelencia, porque el camino de la Cruz es el más superior, y noble que puede considerarse, antes bien, este solo es el noble, y superior. Pues si la nobleza se toma del origen, habiendo fundado, platicado, enseñado, e instituido el Hijo eterno de Dios hecho hombre, que como Dios, es origen de todo lo bueno, y santo, y como hombre, es descendiente de Reyes, y de las primeras Cabezas del mundo, que fueron los mayores Patriarcas, forzoso es que tenga en si la superioridad, y: excelencia que trae consigo tan ilustre, y claro origen; y así, con gran razón están acreditados los hábitos Militares de insignia conocida de nobleza por ser Cruces; porque no hay en esta vida otra alguna mas noble, y excelente que la Cruz.

IX. Conócese no solo en esto la excelencia de la Cruz y en lo que es venerada en el mundo por todos los Príncipes, y Reyes, y tanta suerte de gentes, sino por la ponderación con que el Hijo Eterno de Dios habló siempre de ella; porque siendo la misma humildad este divino Señor, y diciendo de sí, que era gusano, y el oprobio de las gentes, pero en llegando a la Cruz siempre habló de ella con grande magnificencia, llamándola su trono, y el teatro de sus glorias y al ponerle en ella su exaltación: Qportet exaltari Filium bominis: cum exaltaveritís Filium homints, cum exaltatus fuero a térra, omnia trabam ad me, Que fue decir, cuando fuere entronizado en la Cruz, todo lo venceré, y conquistaré. Y así con razón le llamó Principado el Profeta cuando. dijo: Et factüs est principalus super humerum ejus. Como si dijera: Su Cetro, su Imperio, su Corona lo trajo sobre sus hombros porque su Cruz fue su Imperio, su Principado, su Cetro, y su Corona.

X. Pero así como es nobilísima señal la Cruz, es mucho más noble el misterio que en ella se representa, cuanto lo es más el alma que el cuerpo, y el espíritu, que lo animado por él. Porque la Cruz, Fíeles, es una sagrada señal, en la cual se significan los dolores, y las penas del Señor, y la humana redención, que con ellas obro el Redentor de las almas; pero las mismas penas, dolores, afrentas, azotes, heridas, é ignominias, y la muerte que padeció su Bondad, esa es el alma verdadera de la Cruz.

XI. De aquí resulta, que me parece, que puede bien defenderse, que el camino de la Cruz en el Señor, y en nosotros es mas excelente, y noble que la misma Cruz. Porque si este misterioso camino consiste en padecer en esta vida mortal penas, mortificaciones, dolores, lagrimas, penitencia, y afrentas por Jesús, y esa es el alma de la Cruz, y la Cruz es la que explica, y señala, y acredita aquellas penas, y esto da su explicación forzoso es, que sea mas excelente el misterio, y el espíritu, que la misma explicación. Qué importaría, que todos anduviésemos cargados de Cruces de madera, sí nos faltase el espíritu interior y el dolor, y penitencia. Qué importaría la exterior profesión sin la interior mortificación. Qué importaría la apariencia sin la sustancia? Qué importaría lo que parece, sin aquello que es? Como no importa que padezca el cuerpo, si no le da su interior valor el alma, ni padecer innumerables trabajos, si no se hacen? Cruz con darles honesto, y santo motivo y aplicación.

XII. No sé si, diga, que no veo otra cosa en esta vida, que trabajos, y dolores; pero poquísimas Cruces, al respecto de las penas. Todo es padecer, y en los tibios como yo muy pocos merecimientos. Los Superiores tienen superiores penas. Los súbditos naturalmente padecen
penas de súbditos; los unos al mandar, al obedecer los otros. Los pobres padecen fatigas, y
trabajos; pero los ricos incansables, y miserables cuidados. Los que penan, ya penan de su
cosecha; pero: los que con ansia procuran gozar con mayor dolor, padecen dentro de los mismos gozos.

X1II. Estas son, Fieles, las penas de los mortales: mas dónde están los merecimientos? Este es el tormento pero dónde está la Cruz? O engaño de la humana condición! Dárnoslas espaldas al padecer y negárnoslas al merecer! O para decirlo con mas propiedad; damos el corazón a los gustos, el pecho a las penas, y al mérito las espaldas. Padecemos, como si mereciésemos, y merecemos, como si no padeciésemos.

XIV. La causa de esto es, porque en el mismo padecer buscarnos el gozar, y bailamos dentro de las mismas penas. Rodeados de dolores nos holgamos, y hacemos risa de nuestras mismas miserias. No es ya quien nos recrea el gusto, sino el engaño porque tenemos al mismo engaño por gusto. Huyendo de las fatigas, buscamos, mas no hallamos los deleites. El olvido de las penas cenemos por gozo, y el divertir nuestros males, abrazamos como bienes.

XV. Y así, el intento de este tratado, almas devotas, no tira principalmente á ensalzar: la Cruz material del Señor, digna por todas razones de venerarla, y reverenciarla con profundísimo afecto; porque eso, que Católico lo duda? Sino de ensalzar la Cruz formal, y espiritual de padecer por el Señor, y seguirlo con santa, y perfecta vida, pureza de conciencia, y de intención: y para eso sujetarnos, y rendirnos, y humillarnos a llevar la Cruz de los preceptos divinos, y consejos, y conocer cuanto vale, y cuanto aprovecha el imitarlo, y que solo son excelentes, y grandes, é ilustres, y valerosos, sabios, y prudentes, y esforzados, los que siguen práctica y perfectamente con el dolor, lágrimas, y penitencia el camino de la Cruz.

XVI. Pues si los fuertes, los valerosos, los sabios, y los nobles son en el mundo excelentes, claro esta, que no hay tal fortaleza en esta vida, como vencerse así mismo, y mas por tan excelente motivo, como el de agradar a Dios: ni hay tal valor, y aliento, como avasallar con el espíritu todo el poder del demonio, mundo, y carne: ni hay tal lealtad, como ser fieles a los mandamientos, consejos, inspiraciones Divinas: ni tal sabiduría, como encaminar de tal manera esto temporal, que se consiga lo eterno: ni tal nobleza, como ir siguiendo en Cruz al Hijo Eterno de Dios, Rey de Reyes, y Señor de los Señores, que va adelante penando, y es origen y principio sin principio de todo lustre, y nobleza.

XVII. La utilidad de esta nobilísima materia, ella misma se está manifestando; porque no hay cosa mas útil en lo criado, que llegar a gozar del Criador; yen todas las humanas operaciones, toda la utilidad se toma de los medios proporcionados para conseguir el fin. En tanto es útil el tratar, y contratar, en cuanto con ello se granjean las riquezas. En tanto es útil el servir a los Príncipes, en cuanto con ello se consiguen las honras. En tanto es útil el pelear, en cuanto con ello se consigue la fama, los puestos, y la grandeza.

XVIII. Pues si el camino de la Cruz, no solo encamina, y guía, sino que asegura la salvación de las almas, y el gozar las felicidades eternas, y el escapar de los eternos tormentos, y el ver a Dios para siempre, y el ser ciudadanos de aquella eterna Ciudad, y consortes de los bienaventurados, y compañeros de los Ángeles y Santos, y herederos del Padre, y coherederos del Hijo, y moradas del Espíritu Santo, y ver el rostro de aquella Señora, que es templo vivo, e inmaculado de toda la Santísima Trinidad; que medio, que camino, que disposición puede ser de igual utilidad a aquel que todo esto solicita por su medio, camino, y disposición?

XIX Y aquí, hijos, y hermanos míos podíamos soltar el raudal de las lagrimas, llorarme yo, y lloraros, y llorarnos todos, de que estemos tan ciegos, y desatinados, que por esto caduco, y transitorio, no haya penas que no se padezcan, ni mares que no se naveguen, ni montes que no se taladren, ni peligros á que no se expongan los hombres, cuando todo lo vano viene á parar en siete palmos de tierra, y una pobre, y deslucida mortaja, una cuenta cierta, una sentencia formidable, unas penas eternas y por aquella felicidad que se le conoce el principio, y no se conoce el fin, aquella gloria, que no conoce las penas, aquellos gustos, que no conocen disgustos, aquellos deleites, que no conocen pesares, no solo huimos de emprender este glorioso, santo, valeroso, y útil camino de la cruz; pero aun la aplicación de los mismos necesarios trabajos que padecemos, nos olvidamos 5 ó no queremos hacer.

XX. No hijos, y hermanos míos, abramos los ojos a lo celestial, Conozcamos el engaño, y
locura de esto temporal: y pues al humano corazón ordinariamente le gobierna la utilidad, y
á. ese punto conspiran sus líneas, busquemos eternas utilidades, y conveniencias, y no nos
contentemos con lo momentáneo, m menos que con lo eterno.

XXI. Propuesta la excelencia, y la utilidad del camino de la Cruz, se conoce fácilmente la
necesidad. Lo primero: porque lo excelente, y útil en alguna manera se hace necesario a los espíritus generosos y grandes, como son de su naturaleza los hombres, por ser criados solo para Dios, y para la eternidad, porque en esta vida dos cosas son las mas amables, y las que nos llevan, y por las que anda siempre de pretendiente este nuestro inquieto, y ambicioso corazón, que son honra, y provecho; y si el camino de la Cruz es honrado, como dijimos, y útil, como acabamos de decir, claro está, que nos necesita a que lo sigamos con una necesidad de decencia, y conveniencia, si no es que volvamos las espaldas, viles, perezosos, é infames, a la honra, y al provecho.

XXII. No parece que puede ser cosa mas deslucida en el mundo, que aquella que en si
ni tiene provecho, ni honra; porque sin honra, es infame, y sin provecho, inútil, y por
eso despreciable: y así son todos aquellos, que huyendo del camino de la Cruz, y de lo eterno, y bueno, buscan honras mundanas, y perecederas, y utilidades ligeras, y caducas, pues aunque para esto transitorio parezcan honrados, y aprovechados, son para lo celestial, que es lo que pesa 3 vale, importa, y dura, despreciados, inútiles, y viles.

XXIII Pero aun esta necesidad del camino de la Cruz no se queda en términos de congruencia, por útil, y por honrada, y por medio proporcionado para conseguir la verdadera honra, y utilidad; sino que es necesaria, como medio preciso á la salvación: pues de la manera que dijo el Señor: Que si el hombre no renaciere por el Bautismo, no puede conseguir su vida eterna. Nisi quis renatus fuerit ex aqua, & Spiritu Sancto: (f), asi dijo; Sed sí penitentiam non habueritis, omnes similiter peribitis. (g) Y asi díjo: que si no fuese exaltado el Hijo del hombre (con que explicó el Misterio de la Cruz) no se conseguirá la Vida eterna, (h) y en aquella exaltación entramos todos, y en aquella condición fuimos comprendidos todos, y a aquella soberana vocación de la Cruz fuimos llamados todos. Porque aunque el Señor solo nos redimió; pero aquel sagrado instrumento donde fabricó la redención, nos lo dejó como en testamento, para que con el, y por el anhelemos a su santa imitación.

(f) Joann. 3.v.5. (g) Luc.13 v.5. habueritis. Sic legunt S. Gerrn. & S. Mart. Turón, apud Sabat.tom. 5.edit. 1751. (h) Joann 12.v. 32,

XXIV. Como si dijera, si queréis ser exaltados conmigo, morid en Cruz como yo. Morid conmigo, y seréis exaltados, y consepultados conmigo, y resucitados conmigo, y subiréis al cielo conmigo, y todo esto lo deberéis á la Cruz. Este fue el discurso de S. Pablo, cuando dijo: Sí tamen compatimur, ut & conglorifice-mur, donde aquel compatimur, que dice unidad de padecer, no significa unos con otros, sino con el que padeció por nosotros, pues si nuestras penas no se juntan con sus penas, qué importan, ni que pesan nuestras penas?

XXV. Cruz nos ha de salvar, Fieles, y sin Cruz es imposible salvarnos. Es menester padecer en esta vida penando, ó en la otra purgando. Cruz nos ha de salvar» Fieles, la del Redentor, por lo que peno con nosotros; la nuestra con lo que fuéremos penando por él. Cruz nos ha de salvármeles, porque es menester, ó no pecar, o llorar. Cruz nos ha de salvar, Fieles, porque quien pasa por el pecar, ha de pasar, por el llorar, y sí no pasa por el llorar aquí, ha de pasar por el llorar allá.

XXVI. Con lo cual, Fieles, solo podrá dejar de penar el que sabrá dejar de pecar, y así como no hay quien no peque, no debe haber quien no pene. Aun los mismos que algunas veces no pecan, deben penar para que se defiendan del pecar. Mortificada la carne por el espíritu, manda el espíritu a la carne. No podrán mortificarla sin penar, ni sin penar sabrán dejar de pecar.

XXVII. Con esto puede verdaderamente decirse, que el camino de Cruz, no solo es excelente, y útil, sino necesario; y mas habiendo dicho el Señor : Que el que quisiere ir imitando sus pisadas, tome su Cruz, y lo siga ; y si no hay otro camino para el Padre, que el del Hijo, ni otro camino para el Hijo que el de la Cruz i seguro es, que solo el camino de la Cruz por el Espíritu Santo nos lleva al Padre, y al Hijo: y quien no anda en este camino, en donde piensa pasar? También la dificultad del camino, Fieles, mirando a la naturaleza, no es pequeña, vencer la carne con el espíritu, al mundo con el desengaño, al demonio con la gracia; pero esta dificultad no ha de servir para acobardar el animo, sino para esforzar el deseo, avivar el esfuerzo, poner todo cuidado en la empresa, y dar aliento á la ejecución.

XXVIII. Ninguna cosa grande comúnmente suele ser fácil. Cuánto cuestan los puestos, y
las honras de esta vida conseguidas 3 y aun comúnmente, ni conseguidas? Al peso de su grandeza se mide en ellas su dificultad 3 cuesta mas tiempo, hacienda, y sudor lo que mas vale.

XXIX. Siendo esto así: no era conforme á la grandeza de la empresa, que fuese fácil el camino de la cruz, si es medio de conseguir lo eterno. Por qué ha de ser dificultoso lo que es disposición de alcanzar un fin tan grande? No puede ser ligerísimo en los medios lo que trae consigo infinitas conveniencias.

XXX. Poco se estima aquello que cuesta poco, y por el contrario, mucho lo que se compró a gran precio, Vida eterna, bien merece vida, y muerte temporal: barato es darme lo eterno por lo caduco: buen concierto, comprar oro con el vidrio, diamantes con el polvo de la calle. Penas breves, gozos que nunca se acaban, nadie lo desechará. Pongamos los ojos en el fin, y nos parecerán facilísimos los medios, la dificultad se hará facilidad, con tener presente la gloria de tan excelente empresa.

XXXI. Con la dificultad proponemos la dulzura, y suavidad del camino; porque la alma, fíeles, de aquella dificultad, es esta facilidad. La Cruz del Señor es áspera por afuera, y ¿toda ella panal de miel por adentro. Rigor para el cuerpo, y suavidad para el alma. Lo exterior desagradable, lo interior apetecible; y así como nuestras operaciones son dificultosas, comúnmente, y tristes, y congojosas, y llenas de dolor, y fatiga, por la debilidad de nuestra naturaleza, que en todo suda al obrar, y por el contrario las de Dios, como nacen de su misma Omnipotencia, son fáciles, y suaves, dulces, y llenas de grandísimo consuelo, así las operaciones interiores del camino de la Cruz, como todas son de la gracia, traen consigo facilidad, alegría, dulzura, y suavidad increíble, como se vera en este Tratado con palpable claridad.

XXXII Dividírnoslo en dos libros. En el primero se dibuja (así fuera con proporcionadas
líneas) el alma, que asida á la naturaleza, desconfiada de la gracia, no quiere entrar en el camino útil, y excelente, suave, y fuerte, misterioso de la Cruz. y a quien pareciere es muy sobrada su porfía, y las réplicas que le hace al Divino Esposo, para no tomar la Cruz, mírese a si mismo, y considere, cuantas veces se ha defendido de Dios, cuantas no le ha querido responder llamado, cuantas no le ha querido creer persuadido, Cuantas se le ha huido, y conquistado, cuantas siguiéndolo lo ha dejado, y crea, que todo aquello lo hizo por darse á si y á su gusto, y apetito, y negarse al camino de la Cruz.

XXXIII. En el segundo libro explicamos su dulzura, y suavidad prácticamente, y los pasos, tribulaciones, medios, y remedios, efectos, y afectos, por donde se llega en este ultimó camino del trabajo a la Corona. En él proponemos también las luces, y socorros admirables de la gracia, y de la misericordia, y la suavidad, y facilidad con que se vence con ella lo que parece tan arduo a nuestra naturaleza. Con esto podrán conocer las alma que en estas bodas del Cielo, como en las que honró el Señor en Cana de Galilea, al fin de ellas se reserva el mejor vino: muy al revés de las del mundo, cuyos deleites, vanidades, y locuras tienen dulcísimos los principios, y amarguísimos los fines.

XXXIV. Para hacer mas sabroso este tratado, y que fuese tolerable la rusticidad, y desaliño del discurso, y del estilo (al fin como de Pastor) usamos del antiguo de los Diálogos, entre el alma, y Dios, acreditado en todos tiempos con admirables tratados, así de la Escritura Sagrada, como de otros Varones insignes en toda suerte de erudición.

XXXV. Notorios son los libros del Santo Job (aunque aquel fue suceso, y no parábola) que es de lo mas delgado, y elocuente que hay en las divinas letras. Harto tienen de esto los Salmos del Rey Profeta, y no poco los Cantales de su hijo Salomón, ni falta de ello á los demás Sapienciales.

XXXVI. Los Santos también eligieron este estilo, y San Bernardo en algunos versos, muy propios de aquel espíritu altísimo, y suavísimo, y San Buenaventura en prosa, hicieron meditaciones dulcísimas en Diálogos á este intento. El Venerable Tomas de Kempis, en aquel librito de oro del desprecio del mundo, sigue en el modo, y la sustancia el mismo estilo. Y Ludovico Blosio, uno de los místicos mas acreditados, fue por estos mismos pasos.

XXXVII. También el Santo Henrique Suson, espejo de penitencia, y honor de la Apostólica Religión de Santo Domingo, hizo otro espiritual Tratado entre el alma, y la eterna Sabiduría; y el gran Taulero, de la misma Religión. Y aquel río caudaloso de elocuencia, y espiritu, el V. M. Fr. Luís de Granada, de quien podían en alguna manera decir los que han escrito en lo místico después de él: Et de plenitudine ejus nos omnes accepimus, (por no dejar cosa buena sin tocarla) también acredito este modo de escribir.

XXXVIII. No puede negarse, que se declaran mejor los afectos con interlocuciones sentidas, que con dilatados discursos. Mejor se explica el alma en sus conceptos impugnada, que aplaudida. El encendimiento fatigado con la contraria opinión, da mas fuerza con su razón al discurso: cobra aliento en la misma vejación. Danse también las manos lo material, y formal en los diálogos, para recrear el animo del oyente, y enseñarlo. El cuento, y las figuras, y los sucesos tienen divertida á esta porción inferior: los discursos, las razones, los argumentos, preguntas, y respuestas recrean la superior. Es ver una batalla mental, en la cual la suspensión asiste con ansia de saber en qué parara el suceso, y a cual de aquellos discursos le corona el vencimiento.

XIL. Quisimos llamar Philotea, y no Staurofila a esta ilustre seguidora de la Cruz que proponemos; porque aunque Staurofila quiere decir amante de Cruz, y Philotéa de Dios; pero es tan poca la diferencia, que vienen á ser unívocos los dos nombres, y es mas dulce para la pronunciación, y la lectura el segundo.

XL. Tuvimos también presente á otra Philotéa Francesa, que instruyó otro Prelado de
aquella nobilísima Nación, sin duda alguna excelente en espíritu, en letras, y en elocuencia
cristiana, que tradujo en nuestra lengua un ingenio de los mas floridos de este siglo; y nos ha
parecido, no inútil emulación, sino espiritual, y santa, que si una Philotéa Francesa fue instruida de aquella delgada pluma, otra Philotéa Española instruyese a las demás, con manifestarse humilde seguidora de la Cruz, sino igualmente aplaudida en la gracia, y elegancia del estilo, por lo menos no desiguálenla gloria del empleo, y grandeza del asunto.

XLI. Finalmente, Fieles, este tratado ofrecemos no a la curiosidad, sino al provecho de las almas, instado mas del amor, que del concepto que tenemos del acierto, formado en breve tiempo, desde los primeros de Abril del año que va corriendo, hasta catorce de Julio, día del Triunfo de la Cruz, en que muy acaso le acabamos, sobre la interposición de unas tercianas que interrumpieron la pluma, entre tan grande variedad de ocupaciones, que no dejaban dos horas libres al dia, con que ella sola puede servir de disculpa a sus defectos. Vinuesa, catorce de Julio de mil y seiscientos y cincuenta y siete.

Juan indigno Obispo de Osma.


CAMINO DE LA CRUZ


CAPÍTULO I

Patria, Padre, y Hermanas de Philotéa, y su peregrinación al Santo Templo de la Cruz.

En una de las regiones que habitan los Adámicas, cierta Nación poderosamente flaca, que de su padre heredo una herencia universal de lágrimas, y desdichas, florecía la antigua Ciudad de Tarsis, ilustre, no tanto por la grandeza, y opulencia del comercio, que enriquece aquellos Reinos, cuanto por la grandeza, y ansia mas que mortal, con que buscan sus habitadores, por diferentes caminos el alivio de sus penas y el procurar reducir el destierro a patria, la calamidad a gozo, y hacer premio, y honor del castigo, y de la afrenta.
Vivía en ella Philomeno un varón noble y respetado de toda aquella región poderoso de los bienes de fortuna y acreditado en los de naturaleza. De su ya difunta mujer Hierotea heredó con la soledad tres hijas que en la de flor de su edad, y con la de su hermosura, arrebataban los ojos de la juventud lozana de aquella ilustrísima Ciudad. La, mayor de estos tres engaños de los mozos y envidia de las doncellas de Tarsis se llamaba Philotéa la cual nació en el
día, que celebra la Iglesia el misterio inefable de la Cruz y por el ingenio, juicio, prudencia, y capacidad, fue gozo y consuelo y alegría de sus padres.
La segunda hermana se llama Honoria, y conveniale el nombre a la condición por la propensión con que aspiraba á las honras, grandezas; riquezas, y felicidades temporales, puesto su corazón en esta vana ostentación, y apariencia de las cosas.
La tercera se llamaba Hilaria, y muy propiamente porque todo su deseo aspiraba a los deleites humanos, "holgarse, entretenerse, divertirse, teniendo por la suma, y la mayor de sus felicidades estos ligeros y breves contentamientos.
De las tres hizo Dios a la primera, sin duda alguna, en todo la primera, (que no siempre han de llevarse la gracia, ni las gracias las segundas) mas generosa en los dictámenes mas delgada en los discursos superior en la hermosura de cuerpo, y con mas soberanas inclinaciones en la principal del Alma. Habiala dado Dios algunas luces para que lo siguiese pero ella, ó no lo entendía, o se le resistía, y ya la verdura de los años, ya los lazos de oro de la hermosura, felicidad, y riquezas la tenían cautiva, y aprisionada finalmente, era esta discreta doncella sobre muchos llamamientos, en lo exterior virtuosa, y sin luz, y engañada en lo interior.
Acostumbraba el padre de éstas tres doncellas permitirles la honesta recreación, de que fuesen algunos días a una huerta suya, que comprendía diversidad de jardines, y era de las mas deleitosas, y agradables, que había en aquella hermosísima campaña, en cuyas márgenes se extendían unos prados amenísimos que hacían plaza espaciosa, y especiosa, á una selva espesa de alamedas repetidas, por grande trecho de tierra, recreación, y ornamento de aquella populosisima Ciudad.
Era el día de la Cruz Santa de Mayo, tiempo, en que parece que produce flores la Primavera solo para coronarla cuando con moderada familia salieron las tres doncellas le casa muy de mañana y después de haber dado algunos paseos por las calles, y jardines de su huerta les obligó una travesura permitida y natural, o la humana condición que tiene por pena cualquiera clausura por muy amena que sea a salir los prados, que miraban a aquel dilatado bosque.
Philotéa, con la memoria del día de la Cruz, y de su nombre, dijo a sus hermanas Honoria, y Hilaria, que pues convidaba el tiempo y la devoción fuesen juntas á adorar en una suntuosa Ermita que estaba en lo interior de aquella selva á la Cruz del Señor, cuyo misterio dio su nombre, y dedicación al Templo con que harían o virtud de la recreación, mérito de la fatiga y devoción de la amenidad, suavidad, y dulzura del tiempo y de la mañana.
Rrespondió á esto Honoria proponiendo algunos inconvenientes y diciendo, que iban menos acompañadas de lo que á su Nobleza se debía y que no era conveniente, por una ligera devoción, perder, y aventurar el crédito de su ilustre calidad, que podrá ser que el mismo día, y á la misma devoción concurriese toda la Nobleza de Tarsis y que notaría la poca pompa de su familia y el menos cuidado ornamento de sus personas con que de aquella mal propuesta, y peor ejecutada peregrinación solo conseguirían deshonor, afrenta, y deslucimiento.
Hilaria siguió el parecer de Honoria, aunque con diversos motivos, y añadió á la fatiga del camino su tristeza, y soledad, y que cuando salían á recrearse, no era bien elegir una cansada romería, de la cual no podían conseguir otro fruto que, pesadumbre, y molimiento. Que tampoco creía, que irían de Tarsis personas algunas á aquel Templo teniendo otros dentro de la Ciudad en donde con mayor comodidad podían satisfacer á la devoción del día: con que todo sería cansarse con trabajo intolerable, sin gusto, ni recreación alguna.
Volvió la discreta Philotea á persuadir á sus dos hermanas, que la siguiesen á visitar el Santo Templo de la Cruz, en su dia pues ni su conocida calidad necesitaba de mayor autoridad que la que traían consigo en aquella moderada familia, ni á los templos se, había, de ir con soberbia, y vanidad, sino con una santa humildad y decente acompañamiento. Ni la fatiga que tanto temía Hilaria seria mayor al ir á adorar la Cruz que al rehusarla, respecto de la molestia que trae consigo cualquiera recreación dentro de su mismo ejercicio. Si nos hemos de fatigar paseando por estos prados, hermanas, les decía Philotéa, cuanto es mejor fatigarnos para adorar a la Cruz en su Santo Templo? los mismos pasos nos llevan á lo bueno que á lo vano; y solo con alterar el intento es igual en el remedio la fatiga pero en el fin desigualísimo el mérito, y el suceso. Qué mas tiene Hilaría, sudar en esta vana recreación, que en aquel santo ejercicio? Si dos mil pasos hemos de dar para buscar el contento que no hallamos, no los daremos para buscar el merito que hallaremos, y el gozo, y la misma alegría que buscamos? Ni este exterior lucimiento te detiene Honoria, ni esta imaginada fatiga que te atemoriza, Hilaria, debe retardaros, cuando la devoción del intento, y la superioridad de vuestra hermana mayor os obliga a obedecerme, y seguirme.
Todavía las dos hermanas se defendieron, y no quisieron seguir á Philotea, diciendo, que ellas se quedarían en aquello amenos prados, huerta, y en jardines, entre tanto que con su devoción intempestiva ejecutaba una cansada y no necesaria peregrinación.
Pero la determinada Philotéa no solo por el empeño de su propio parecer, y opinión, sino por algún Superior impulso, y soberano movimiento, sin rendirse en su propósito, ni desamparada de sus hermanas y lo que admira mas y de todas las criadas de tu familia, que ninguna quiso seguir el camino de la Cruz: partió de allí, diciendo que la aguardasen que volvería con brevedad y reconociendo una senda, que acaso un villano le dijo, que guiaba al Santo Templo de la Cruz comenzó su Religiosa jornada.

 

CAPÍTULO II

Pierdese Philotéa en su peregrinación; pide socorro Jesus con vivo sentimiento, y tiernas lagrimas.

Seguía la estrecha senda de su camino Philotea a adorar en su Santo día á la Cruz, no sin tristeza, cuidados, y temores; porque el verse desamparada de sus hermanas, y familia, había puesto su animo en aflicción, y sentía verlas tan fáciles a lo vano, y tan graves a lo bueno tan gustosas a la recreación: tan torpes, y disgustadas á la devoción al camino de los deleites ligeras, al de la Cruz muy pesadas.
Consideraba que en toda aquella familia no hubo una que la siguiese en su peregrinación todas asidas á lo deleitable, sin querer pasar por el camino de la Cruz, de deleitable á lo útil. A esta pena se añadía la de verse sola, y sin consuelo siguiendo un camino incierto sin guía, y sin compañía aquella, para que la condujese al Templo de sus deseos esta, para que se aliviase la soledad, y fatiga de sus penas.
Revolviendo estas imaginaciones, y ya no poco cansada de estos cuidados, iba caminando con temerosos y aunque determinados pasos, siguiendo su santo intento, cuando a una hora larga de distancia fue haciéndose á la senda mas estrecha; y formando otra, que parece que ofrecía por diversa parte principio desde el o bosque a su salida con que ya mas dudosa, y turbada, fue caminando derechamente por ella.
Anduvo mayor espacio de tiempo, cuando la llevó aquella angosta vereda á lo mas interior la espesura, y en un ameno prado que formaba una brevísima plaza a la alameda trabajada de el camino Philotéa, y de la confusión grande en que se hallaba, se asentó al pié de un álamo y vencida del sueño, de su fatiga, y, cuidados, quedó por breve rato dormida.
No dejan los cuidados dormir, ni velar atribulado: velar, no; porque oprimen de manera al cuerpo, que últimamente lo entregan al sueño atado: ni dormir pues apenas comienza su descanso con el sueño, cuando le despiertan las penas que padece el animo congojado. Asi Philotéa á menos de un cuarto de hora, despierta de su sueño ó suspensión abrío ojos y se halló en aquella temerosa soledad, y en la clausura estrecha de aquellas paredes de árboles por todas partes sitiada de penas, y de temores. Volvió los ojos para buscar el camino que dejo, y halló, que como las líneas al centro, así conspiraban diversidad de sendas de la selva á aquel breve circulo que hacia la florida plaza que allí formó, la naturaleza, viéndose en tan terrible turbación, mirando á todas partes, sin hallar cierta salida á su confusa esperanza: volviéndose a Dios, le dijo: con lo mas intimo de su alma.
Buscaba, Señor, la cruz, y he hallado antes dé llegar á vuestro Templo la Cruz. No permitáis Dios mío que en el día de la Cruz, en la cual todos se salvan, halle yo mi perdición y ruina. Mirad Señor, el buen principio, y origen de mi jornada dad buen fin á mis deseos no me sea el remedio daño, y fin desdichado de mi vida la que es á todos salud.
En esta confusión, reconociéndolo todo, escogió la afligida Philotea de la diversidad de las sendas la que por ser mas dilatada en sus principios, tubo por mas feliz en los fines a y entrando por ella fue caminando por distancia de dos horas., buscando ya. no tanto la Ermita, cuando el fin de la espesura pero esta senda la condujo a otra segunda plaza, ó confusión de aquella selva tan cerrada, así por lo superior de las copas de los árboles como por lo inferior de lo troncos, y las zarzas., que apenas dispensaba, sino por brevísimos espacios, vista al Cielo, ni términos que no fuesen congojosos que guiasen parte alguna en la tierra.
Entonces la afligida Philotea viéndose á un mismo tiempo batida, y combatida de sus penas, y congojas, sitiada del tiempo, y de la misma fatiga, y que ya iba declinando el dia, y que parece que le faltaba el Cielo, y la tierra: aquel para su consuelo, y esta para dar á sus cuidados salida: resuelta en lágrimas, arrojándose sobre las yerbas del prado con suspiros, que despedía su triste, y afligido Corazón, con voces tiernísimas comenzó á decirle á Dios.
Como, Señor, así desamparáis á quien os busca?
Asi dejáis, dulce bien, á quien os ama? Asi se pierde en el camino quien sigue vuestro camino? Asi permitís., que se malogren al nacer intentos tan bien nacidos? Buscoos yo, y dejaisme vos? Cuando yo os busco, me pierdo y cuando yo me perdía, me buscabais? Huís Señor, de los que os buscan, y buscáis á los que os huyen? Hallan mis hermanas, Jesus mío camino en sus pasatiempos, yo lo he de perder en la devoción que me iba llevando a vos? Ellas aseguran el crédito en el descanto yo desdichada, sola, y perdida aventuro mi crédito y mi vida en la Cruz, y en la fatiga.
Que he de hacer, Señor, en esta soledad y sin remedio, como uno dé los brutos de esta, selva: Ya va declinando el Sol y de todas maneras, Jesus mío, me va faltando la luz. He de ser pasto de las fieras, ó ha de acabar conmigo la precisa necesidad de mi sustento. Aquí puede hallarme algún hombre, y sucederme la ultima, y mayor de mis 1 desdichas. Temo menos las fieras, que á los hombres; y ya es pequeño el peligro de mi vida, con el riesgo de mi honor. Vos, Jesus mío, pureza original de toda humana, y angélica criatura, me remediad vos descanso de afligidos, consuelo de atribulados, mirad mi tribulación.
Mas si padezco, Dios mío, está triste confusión al seguir este camino, por no haber seguido vuestro camino? Mas si la diversidad de sendas, que inconstante, y vana, por no seguiros á vos he intentado, me ha introducido en no hallar ahora lo que entonces tan neciamente perdía? Mas si este laberinto de penas en que me veo, es una imagen viva de aquel confuso laberinto de culpas, tanto mas peligroso, y dañoso? O cuantas veces mis pasiones, deseos, y deváneos me ofrecían no desigual confusión, y no lo sentía, porque padeciendo el alma, no padecía con ellas también el cuerpo!
Justamente padezco, Jesús mío, siguiéndoos el no haberos antes seguido amándoos, y muy debidamente os escondéis dé quien tantas veces se ha escondido ingratamente de vos. Justamente desamparáis á quien tantas veces os dejó, y no respondéis a quien tantas veces llamada, negó sus oídos á esa dulcísima voz.
Mas ay Dios mío! adonde me ha llevado mi dolor, y de las fatigas, y cuidados presentes me he y ido á lamentar las pasadas; y como quien reconoce en la enfermedad el origen de la misma enfermedad, se ha ido el dolor á llorar el principio de su daño; pues si yo no os hubiera perdido, Jesus y mío, por no seguiros, no me perdería ahora por seguiros; si yo no me hubiera perdido por huir de la Cruz, no me hubiera perdido al buscar la Cruz.
O cuanto mas, Jesus mío, debo llorar el haberme perdido entonces, que ahora! pues entonces me perdía el olvido que tenia de vos, y ahora en medio de mis aflicciones, es mi esperanza, y alivio vuestra memoria.
Habed, Jesús Mío, misericordia de mi, miradme toda rodeada de cuidados, y congojas; si miro a lo pasado veo que me amenazan mis culpas; si lo presente, me afligen intolerables penas ,si lo venidero, mayores, y mas desesperados cuidados; no solo el amor sino la necesidad me lleva, Jesus mío, á solicitar el socorro en vuestra misericordia, y ya no tanto me afligen no hallar salida al penoso laberinto de mí peregrinación, cuanto al peligroso y dañoso de mis culpas, y mi vida.

 

CAPÍTULO III

Socorre la eterna Sabiduría a la atribulada Philotéa.

No era posible, que tan tiernas lágrimas y tan ardientes suspiros dejasen de encender el pecho de aquel Soberano Señor, que tan atentó oye las voces de aquellos atribulados, que llaman, y claman á su piedad; así apenas acabó Philotéa sus lastimosas quejas, y sentimientos, cuando un zéfiro, y viento suavísimo, con un olor celestial, fue moviendo los álamos, y recreando el cuerpo, cansado de aquella honesta doncella sucedió a esto el sentir grande novedad en su alma. Parecióle, no solo que una nueva ilustración rayaba su entendimiento, y bañaba de una no imaginada alegría sus sentidos, y potencias, sino que los ojos corporales veían venir rayos de luz por todo el círculo de la plaza de aquella ya venturosa alameda: con que de la manera que huyen las tinieblas de la luz, así huyeron los horrores del animo y la soledad del sitio de aquellas Divinas luces.
Con esta súbita mudanza se suspendió Philotea, y con más admiración le pareció, que todos los álamos de la selva se humillaban, y poco después se desaparecían á la presencia de alguna virtud divina, que venia honrar aquel dichoso lugar. Viéndose entre tanta claridad, volvió el rostro hacia una parte y vio un Joven hermosísimo, origen claro de aquella luz con una Cruz en mano y una Corona en la otra y aunque temerosa, y turbada a los principió se pero poco después confortar da la débil naturaleza del esfuerzo de la gracia, pudo sin descaecer del todo y oír que le decía aquel clarísimo, y hermosísimo Señor.
No temas Philotéa, que tus quejas han penetrado mis oídos, Yo soy la eterna sabiduría, y el principio sin principio de todo los caminos del Señor. Yo soy camino, verdad, y vida. Yo soy el que no falto jamás á quien me busca, y el que siempre asiste, y socorre las almas atribuladas. Yo soy quien favorece a los que buscan mi Cruz, y quien les es guía, consejo y camino: mi camino sigues, no te puedes perder en mi camino. Tu petición me ha agradado, pues no has pedido solo en tu oración salir de tus penas, sino también de tus culpas. .
No pudiste elegir mejor medio para aliviar tus cuidados, que el de mejorar la vida, ni para salir de esa aflicción, y congoja de no hallar camino cierto en ni peregrinación, que buscar el verdadero camino de tu alma, con llorar tus engaños, y solicitar tu enmienda. Esto es lo que dije yo por mi Profeta; poneos en pie sobre el camino Verdadero, preguntad sobre las sendas antiguas, averiguad cual es el mejor, de los caminos, hallándolo seguidlo, y hallareis refrigerio á vuestras almas. Por eso viendo yo tus deseos, y mirando tu aflicción, incline los Cielos, y baje para enseñarte caminos de salud, y vida eterna.
Alegróse el alma de Philotéa oyendo estas dulcisimas voces, y santísimas palabras; y con profunda humildad, confortada, é ilustrada de aquel Divino Señor, le dijo: Quien es el hombre, Dios mío, que os acordáis de su flaqueza, y debilidad? y quien soy yo, que merezca que baje á mi el Hijo Eterno de mi Señor?
El haber venido a ti (dijo la eterna Sabiduría) Philotéa, no lo causaron tus merecimientos, sino mi gracia, esta es el principio de tu bien, y ella solicita a mi piedad, que no faltare a tu socorro, ella promovió tu petición, y tus lágrimas, Si vuestros merecimientos hubieran de ser causa de vuestra salud, sin que mi gracia os diese merecimientos, y mi mano primero no os levantase, siempre estaríais rendidos, y envueltos en vuestras culpas. De mi va a vosotros vuestro bien, y de mi procede el disponeros vosotros a conseguir este bien. Mis intentos Philotea, son estar con los hijos de los hombres, y este amor me inclina á vuestro remedio.
Este amor, y caridad es el principio único de todo vuestro socorro. Si yo no hubiera curado al herido en el camino de Gericó: si mi mano no buscara a sus llagas, si yo no le hubiera puesto a caballo, si no hubiera dejado dinero para que acudiesen á su curación, si yo no lo hubiera hecho, y pagado, y tomado por mi cuenta; que remedio hallara aquel desdichado caminante, mucho mas muerto, que herido sin mi socorro? Mis voces resucitaron á Lázaro cuatriduano: mis palabras al hijo dé la viuda de Nain: mi mano levantó á la hija difunta del desconsolado Jayro sin esta voz, sin esta mano, nadie puede levantarse caído, ni ser curado ó resucitado.

 

CAPÍTULO IV

Enseña el Señor a Philotea el camino de la Cruz.

nsalcén los Cielos, Señor, vuestra piedad, dijo Philotéa, que os habéis, acordado de vuestra esclava, bendito seáis, que oísteis mi petición, y inclinasteis á mis quejas esos divinos oídos .
Pero, Señor, pues sois la eterna Sabiduría, luz, y guía de las almas. Guiadme por caminos de salud, ya no, Señor, en esta material peregrinación que proseguía, sino en la eterna de mi alma.
Piérdame en el mundo al mundo para mi, y no me pierda, Jesús mío, en el mundo para vos. Piérdame a lo temporal, y no me pierda a lo eterno. Del cielo habéis bajado al suelo y a enseñarme; del Cielo bajasteis a la tierra a redimirme; así como perfeccionasteis la redención con vuestra sangre, y vuestra muerte preciosa, preciosa, perfeccionad el remedio de mi vida ahora con vuestra luz, y doctrina. Mostradme, ó camino eterno! Vuestro camino. Mostradme eterna verdad, vuestra verdad, o vida eterna! como he de gobernar mi vida á salud, y vida eterna.
Oye, hija, dijo él Señor, y inclina tus oídos á mi voz, pues yo incline mis oídos, y los Cielos á tus quejas. Oye palabras de vida eterna, pues buscas la vida eterna. Dame e1 oído, y primero, para que puedas después darme con el oído el corazón, quiero pedirte la vista. Quieres ver, Philotea, el camino, que deseas, y subir a la patria del destierro que padeces? Quieres ver por donde se llega de la pelea á la victoria, y de la victoria al triunfo?
Si Señor (respondió) pues vuelve los, ojos , y mira, dijo la eterna Sabiduría y á esta mano diestra aquel monte, y verás caminos de vida eterna.
Volvió los ojos Philotea a donde el Señor la señaló, y vio un monte de eminente grandeza, y en él muchas cuestas ásperas, miró á todas las partes del, y reconoció, que por diversas sendas estrechísimas subían muchas personas, hombres, mujeres, mozos, doncellas Obispos, Sacerdotes, Religiosos casados, vírgenes, continentes, Reyes, Príncipes, Señores, y de toda suerte de gente, con las insignias cada uno de su estado, pero con suma pobreza, mendiguez, y desnudez unas veces padecían calores intolerables y otras fríos terribles. Ver á uno; arrojar para subir este camino las riquezas, y el poder, Coronas, y Dignidades a otros caminar descalzos, por pisar como Moysen, con reverencia, la tierra sagrada del Santo Monte de Oreb.
Todos subían con sus Cruces en los hombros, unos las traían grandes otros medianas, otros pequeñas. Subían gimiendo suspirando, y llorando en el camino, puestos los ojos en el Cielo, y otras veces en la tierra; en el Cielo asidos de la esperanza, en la tierra desasidos de sí mismos, y asidos de la humildad, y pobreza.
Seguían su camino con grandísimo silencio, y andaban todos por diferentes veredas; de suerte, que apenas había una, que le pareciese en todo á la otra; porque aunque se conocía en muchos, que eran de una misma profesión, pero siendo la profesión una misma, era diversa la senda. No vio en todo aquel monte Philotea cosa que fuese consuelo, ni alegría, sino tristeza y dolor: Cruces, penitencias, penas, sudor, sangre, y mortificación. No flores, ni frutas, ni amenidades, ni frescuras, ni fuentes. Todo era áspero, desapacible, y penosos peñascos, breñas, riscos, espinas, peñas, y penas, cuesta áspera, suelo duro, finalmente, repetidas asperezas.
Reparó Philotéa (cosa de verdad maravillosa) que los que llevaban Cruces grandes, cuando parece, que para sí no bastaban, ayudaban á subir á aquellos que las traían menores, y que los que iban vestidos se quejaban más del frío, que los andaban desnudos: que estos se hallaban mas abrigados desnudos, que no los otros vestidos. Ayudabanse a subir con gran caridad unos a otros, y si á uno se le caía la Cruz, llegaba su compañero, y se la ponía: porque sin Cruz no tenían fuerzas para subir por la cuesta. Los que estaban adelante llamaban á los de atrás, y los animaban, y esforzaban con el ejemplo, y la voz, y ellos con eso se alentaban, y los seguían.
Reparo también, los que andaban más descalzos pisaban más fuertes, y constantes lo duro del camino, y las espinas, y abrojos, que los que iban más calzados, y los que mas penaban subían, la áspera cuesta con mucha más alegría. De suerte, que cuanto era mayor el trabajó, y mas pesada la Cruz, á ese paso crecía el gozo, y contentamiento, y cuanto eran menores las Cruces, que traían algunos sobre sus hombros, tanto menos caminaban y con tanta mayor pena, y lentitud vencían a la aspereza del camino".
Las Cruces, que traían en los hombros eran diversas unas dé madera, otras de plomo, otras de oro, otras de hierro, y otras de diferentes metales pero todas se median, y estimaban por el peso y alegría de llevarlas, sin que valiesen mas, ni menos por la hechura, o la materia. Finalmente cada uno Caminaba con su Cruz, sin volver la cara atrás; solo unos a otros, con humildad, con silencio, y caridad mudamente se animaban, socorrían, y alentaban.

 

CAPÍTULO V

Admirase Philotéa de ver el camino, y monte que le mostraron, rehúsa andarlo.

Quedó admirada Philotea de lo que vio; y siendo ella naturalmente delicada, y acostumbrada a delicias, y regalos, viendo un camino tan áspero, con notable sentimiento dijo:
Es posible, Señor, que para serviros, y seguiros no hay otro camino sino este que me mostráis; como caminaremos los flacos, y os podremos hallar, y seguir los pecadores? Quien no ha conocido la Cruz sino en él nombre, como podrá traerla sobre sus hombros? y quien aun no ha sabido el camino de adorarla, como sabrá el de traerla? No tendréis otro camino, Jesus mío, por donde os busquemos, y os hallemos, que no sea de tan terrible tormento? Es posible, que habéis de poner tanta dificultad al seguiros, y tantas penas, y tormentos al hallaros?
Poned, Jesus mío; los tormentos, y la Cruz, y las penas, y las asperezas, y dificultades al dejaros: y la suavidad, y la dulzura, y la facilidad, y el descanso al buscaros, y seguiros. Quien os deja, ese es quien merece padecer, mas no carguéis de penas a quien os sigue. Ay de mi! como he de poder seguiros por tan áspero camino; y mucho mas ay de mi! si no os sigo, y me niego al camino de seguiros, y adoraros. Ni tengo fuerzas para seguiros, ánimo para dejaros.
Pues no vas, dijo el Señor, á adorar la Cruz con pasos acelerados, Philotea? SÍ Señor, respondió. Más no es lo mismo adorarla, que traerla, yo la quiero adorar en vos, pero tiemblo de traerla sobre mí. La quiero para adorada, mas no para padecida; voy a ella, y temo el andar con ella,
No te aflijas, Philotéa, Dijo el Señor y porque dentro de la pena esta el alivio, y en el trabajo el socorro. Mira con ojos de carne estas penas; hallaras que son menores y aun ningunas, si las mirares con los ojos del espiritu.
Miras engañada al monte de vida eterna, y el camino verdadero de la gloria: otra cosa fuera, y muy diversa te pareciera, si lo miraras con luz, y desengañada. Cree, hija, que el haber mi Padre, y yo señalado este camino a las almas, ha sido para mi bien, y remedio, y que andarían mucho menos, y con mayor desconsuelo, siguiendo otro camino diverso del que les he señalado con la voz, con la doctrina, y ejemplo.
Replicó á esto Philotea, diciendo: Pues Señor y si vos vinisteis del Cielo á la tierra, solo para levar almas al Cielo: si a eso conspiraban vuestros misterios desde el pesebre á la Cruz, y en este camino halla tanta dificultad la naturaleza, y por eso tiene tan pocos seguidores la gracia, respecto de aquellos que viven cautivos del apetito, no podíais darnos otro camino para amaros, y serviros, de mas suave, dulce, fácil y deleitoso, que el de la Cruz tan penoso, afligido, y desabrido? No fuera bueno que os siguiéramos entre gustos, recreaciones, deleites, gozos, riquezas, contentos, y tendríais infinitos seguidores y abundaría, vuestra escuela de gran numero de Discípulos?
O Philotéa, dijo el Señor, que engañada, y que ciega que discurres! Esas no son palabras de vida, sino de veneno, y muerte. Esas te han dictado la carne, mas no mi Padre, la pasión, no la razón, el apetito sensual, no el espiritu, y mi gracia. Como se conoce que no tienes sabor de mi, sino del mundo, y de tus locas, y vanas recreaciones; y gustos Has seguido neciamente la vanidad, las tinieblas, y mentira, Y así no encuentras, ni hallas discursos de claridad, y verdad. Forzoso es para enseñarte, Philotéa, que comience mi doctrina desde las primeras letras, y qué con las primeras luces alumbre tu entendimiento, para que después me siga rendida tu voluntad.
Señor, dijo Philotéa, no mires á mi ignorancia; antes bien alumbrad á mis tinieblas. Si he hablado como una de las mujeres que no saben que es verdad, y andan a oscuras, dadme luz, pues sois luz, guía, camino, y verdad.

 

CAPÍTULO VI

Da luz el Señor a Philotea, para que siga el camino de la luz, y satisface a sus dudas.

No me pesa, Philotea, dijo el Señor, que me propongas tus dudas, pues solo en mi, y en aquellos: á quien alumbra mi luz, hallarás la cierta sabiduría, todo lo demás es engaño, y vanidad.
Sabrás hija, que desde el primer pecado, por la trasgresión al precepto, se cerro el Cielo que yo tenia patente a la inocencia y con lo mismo que cerro, la culpa el Cielo , abrió, para todas las almas que siguiesen aquel camino de culpas, el Infierno, con eso la naturaleza herida, y flaca, y la razón natural enervada, y enflaquecida, y cautiva del apetito: toda carne fue cada dia mas, y mas corrompiéndose, y perdiendo su camino; y cada uno desde el vientre de su madre, como dijo el Profeta, erraba, y comenzaba caminos de perdición: y todo lo gobernaba en el mundo la carne, y el apetito, y solo algunos a quien la eficacia de mi gracia reservaba de aquella universal perdición, que respecto de los otros, y fue una línea muy delgada de Adán a Noe, de Noe á Abrahan, de este á Moysen, de Moysen á David, desde David, hasta que yo me hice hombre, para salvar á los hombres, apenas había en el mundo verdad, ni rectitud, ni justicia, y solo se conservaba en muy poco seguidores de mi Ley.
Viendo yo esta universal ruina de mis criaturas, y que la carne era el impedimento para que el alma no siguiese lo que pedía el espíritu, quise curar á la carne con mi carne, y dar espiritu á la carne con mi espiritu. Y que si la carne, y su apetito había cerrado el Cielo, mi carne, y mi espiritu diese espiritu á las almas, y les abriese el Cielo, y les cerrase el Infierno y finalmente, tomar sobre mi las culpas, para borrar vuestras culpas con mis penas, abriéndoles un camino Nuevo, justo, razonable y honesto, muy dulce, suave, y fácil, por el cual se salvase el linaje humano, que fin él corría á la perdición.
Camino nuevo: porque hasta que yo, segundo Adán, reforme las ruinas que causó el primero Adán, apenas se conocía el dolor, las lagrimas, la penitencia, la soledad, y abstracción: porque si bien la tuvieron vuestros primeros Padres, y otros seguidores suyos, á quien yo comuniqué esta santa, y necesaria doctrina, pero toda era reducida a mi; y porque yo en los tiempos venideros la había de platicar, y su mérito, y virtud, tomaba la estimación y la fuerza en lo que yo después había de obra.
Justo, porque si la carne arrastrada del torpe apetito fue la causa de las culpas, ó el apetito arrastrado, y envuelto en carne, y pensamientos de carne, pagase la carne en mi vuestras culpas; y tomando vuestra carne, hecho yo hombre por vosotros, padeciese mi carne lo que pecó vuestra carne, y mis penas fuesen medicina, y remedio á vuestras culpas, y mi Pasión os diese luz, y desterrase á vuestras pasiones, y que todos aquellos que me siguen fuesen, dando complemento á mi Pasión, logrando ellos lo que he trabajado: y que pues yo les di el mérito, me diesen la imitación: y que entre las almas, y yo se consumase la redención de las almas, y yo dando la gracia, el valor, el esfuerzo, los auxilios, los socorros, y el merito; pero ellos la obediencia, la imitación, y el rendirse á mis preceptos, y el seguir mis consejos, para poder guardar con perfección mis divinos Mandamientos. Finalmente, justamente condené á penas al apetito, y la carne que causaba tantas culpas, pues justo es que pague en penas la ruina que al alma causaba en culpas; y que pues pecó el apetito, y la carne, sea la castigada la carne, y enfrenado, mortificado, y refrenado el apetito.
Razonable es también este camino. Porque si el apetito, y la carne fueron la perdición de las almas; no era razonable, ni conveniente, que mandase en ella la carne, ni el apetito: pues claro está que por los contrarios medios que se pierde un Reino, se ha de venir á ganar: y si lo perdieron los vicios, y la relajación, la omisión, el descuido, la pereza, y cobardía, lo ha de cobrar, y recobrar el valor, la constancia, la diligencia, la pericia militar. Es menester mudar gobierno en las cosas, ó modo de gobernar, para gobernar lo perdido.
Mudé gobierno en las almas, para cobrar á las almas; las destruía el apetito, que traía arrastrada, y a sus pies á la razón: el apetito engañaba, adormecía, entorpecía al alma con los vicios. Entregue el cetro a la razón, y quítelo al apetito, y con mi luz superior la alumbré, y con el calor de mi espíritu la conforté, para que rindiendo á este furioso enemigo, se introdujesen en el alma las virtudes, y al mismo tiempo, y con eso se desterrasen de ella las pasiones, y los vicios, y que si cobraron fuerzas la carne, y las pasiones, con darle cuanto pedía el apetito, y gobernase por él, y con eso oprimía, y oscurecía a la razón, y la cautivaba, y ausentaba del alma cobrasen, por mis méritos, y penas, fuerzas el espíritu, y la parte superior, y fuese alumbrada, y confortada, para que domase la carne con la mortificación, con la penitencia, el dolor, y contrición, y con eso entrase mi gracia, y la vistiese de gracia, para que sujetase, desterrase de esta suerte las pasiones que la traían perdida; con la cual, y con la abnegación de su amor propio entrase mi amor, y la calentase y caldease, y encendiese en mi caridad, y amor y con ella, y con él fe gobernase por el. Ves, Philotéa, como todo esto es justo, y muy razonable?
También este camino, sobe justo y razonable es honesto porque el apetito, y la carne desde la primera prevaricación, y culpa, siempre persuade al alma a lo peor porque aquella primera herida, o aquella antigua, y primera raíz, y fomento del pecado retoñece en todos los hijos del viejo Adán; y así está el alma inclinada, declinada, y torcida a lo peor, y busca gustos, deleites, recreaciones, y conteneos, aunque sea desviándose de aquella suprema regla de lo santo, y honesto que tienen en los Mandamientos Divinos; de suerte, que la ambición por crecer no repara en ofender la justa moderación: la soberbia, por subir, no repara en ofender la humildad: la lujuria, por ocuparse en torpezas, no repara en pisar la castidad: la codicia rompe por lo ajeno, y lo roba, solo por hacerlo propio: con que con rendir yo, como rendí con mi gracia, y por mis penas al apetito, quítele al demonio su imperio dándolo a la razón, la llene de luces, y auxilios míos, y templé este seminario, de pasiones, y de vicios, insolencias, injusticias, fealdades, maldiciones, homicidios, robos. Porque la razón que manda al alma, se gobierna por mi Ley, y por mi voluntad; y yo la gobierno a ella, y aborrece lo malo, y sigue lo bueno, y promueve lo mejor, y huye el alma del vicio, y sigue la virtud, y ejercita las virtudes y finalmente, obra en todo lo tanto, bueno, y honesto, porque la gobierno yo.

 

CAPÍTULO VII

Propone otras dudas Philotea, con el recelo de entrar en el camino de la Cruz, y se las desata el Señor, y la anima con la suavidad, y dulzura del camino.

Grande consuelo recibía el alma de Philotéa con las dulces razones, y palabras del Señor, y con ver, y sentir tan clara luz, y conocimiento en sus dudas. Pero eran tan grandes sus temores, y el horror que le habían causado el ver tantas Cruces, penas, y desabrimientos en aquel monte, y camino que le mostró el Señor para guiarla, y encaminarla,, y miedo que tenia de andar, y entrar en el desabrido de la Cruz, y traerla sobre sus hombros, que aunque la verdad, y luz de la doctrina la convenció, todavía el rigor, y aspereza del camino, y de la Cruz la espantaba. Y como el Señor le declaró lo nuevo, lo justo, y lo razonable, y lo honesto del camino, y no le dijo cosa de lo fácil y de lo dulce, de lo suave que había propuesto en el, Philotéa, que en lo honesto, razonable, y justo, amaba mas lo suave, y lo dulce, y fácil, no olvidada de esta dulce suave, y fácil proposición, dijo al Señor.
Grande gozo, ó eterno bien de las almas ha recibido la mía, de haberme manifestado con tan grande claridad lo justo, lo razonable, lo honesto de esté camino; y reconozco ya la conveniencia que tiene el seguiros con la Cruz sobre los hombros. Honesto es, y llena de honestidad; justo, y llena de justicia: razonable, y encamina, y contiene en la razón: ya he llegado á entender, que la Cruz es la vara de la divina justicia, que da a las almas. Justicia es él cetro de la razón, que pone a las almas en razón, es la medida de lo santo, y razonable, que hace que vivan con razón, regla, y, medida es la puente por donde de esta vida se llega á la eterna vida; pero este camino justo, santo y razonable, dádmelo fácil, Señor, Dadme con lo útil lo suave, dadme dulce lo mismo que dais honesto; dadme con lo razonable lo agradable. Queréis vos que me persuada, o bien eterno, que el penar es descansar? Que crea, que deja de ser el sudor fatiga, la penitencia dolor? Que dejen de ser las penas congoja, y tribulación? Veo subir reventando por lo áspero de este monte a aquellos que van venciendo con dificultad la cuesta; veo que caminan entre penas, y suspiros, lagrimas, sangre, y dolor: a este llamaré camino, suave, y fácil, Útil, si: honesto, y razonable, convenirte, pero, fácil, y suave, eso no.
Y si no es fácil, Dios mío, yo flaca, y débil, y delicada, que he de hacer? Como he de andar penando, y padeciendo por camino, sobre desviado, duro? Como es posible, que os sigan en Cruz hombros flacos, que no conocieron Cruz?
Qué me importa lo honesto, que deseo apetecer, lo razonable, que deseo imitar, lo justo, que debo obrar, si me falta lo posible, y para hacer lo posible, me falta lo dulce, y fácil? Serviriame de tanto mayor pena, y desconsuelo la Cruz, cuanto no me entretiene el engaño, antes veo el bien, y no lo sigo, porque es dificultoso seguirlo. Veo mí utilidad, y la conozco; y porque no la puedo (por su aspereza) seguir no la puedo conseguir. O Señor haced fácil lo honesto! Haced suave lo razonable, y haced dulce lo que es justo, y razonable, y honesto.
O hijos de Adán, respondió el Señor á Philotea, duros, y fuertes de corazón! Siempre declináis a la siniestra, y huís por lo dulce de lo honesto, y volvéis las espaldas á lo santo por lo fácil. Huís mis caminos por seguir los vuestros, más despeñaderos, que caminos.
Lo primero, Philotéa, quien te, ha dicho que cuando el seguirme, y servirme no tuviera facilidad no habíais de emprender este camino, y vencer toda su dificultad? Por qué no ha de costar dificultad el alcanzar eterna corona, y gloria? ¿Os he de dar dado el Cielo, cuando compráis a tan caro precio el suelo, y los bienes de la tierra? Por ventura merece menos el gozarme eternamente, que el gozar vosotros en el mundo vuestros deleites, gozos momentáneos, ligeros? Dado el Cielo, á caro preció la tierra! Para conseguir esto momentáneo temporal padecéis innumerables tormentos, suspensiones, aflicciones, persecuciones, afrentas, y huís de padecer, para conseguir gozos, que nunca se acaban? Qué locura es esta, Philotéa? tanto animo, y aliento para arrojaros a las penas del Infierno por un deleite apenas conseguido por un puesto, una honra apenas alcanzada, y ya desaparecida; y tanta cobardía, y desaliento para conseguir la Gloria? Que desatino no es el padecer tanto como padecéis para condenaros, y no querer padecer tanto menores penas por salvaros? Cuando yo os pidiera penas sin consuelo, y dolores sin alivio por la Gloria, no os la daba muy barata? Por ventura, no merece el gozar eterno tiempo el padecer poco tiempo? Inmenso peso de Gloria no merecerán siquiera ligeras, y breves penas? será mejor lo que hacéis, penar por gozar aquí, y apenas llega con el penar el gozar, cuando se acaba el gozar, y se comienza eternamente á penar?

 

CAPÍTULO VIII

Afligiese Philotéa, recelando el enojo del Señor y su Divina Majestad la consuela, y enseña el origen del camino de la Cruz.

Viendo Philotéa, que parecía que se enojaba el Señor, y que se volvía severidad, y celo su blandura, y rigor su suavidad, le dijo, Señor, eso es evidente; he hablado, no como flaca, sino como la misma flaqueza, y debilidad. Locos somos, ciegos, Jesus mío, estamos; pero, Señor, ya que no podemos como flacos ir a Vos, venid á nosotros Vos, fortaleza de los flacos. No puede nuestra flaqueza seguir vuestra fortaleza, venga vuestra fortaleza á animar nuestra flaqueza; no puede el niño ponerse en la proporción del Profeta, para ser resucitado; hágase niño el Profeta, y proporciónese al niño, y cobrará vida el niño, por la virtud del Profeta.
Asi es como decís, pero, todo cuanto habéis probado, ó Bien eterno: convence, que es justísimo el padecer por la gloria, y por seguiros, pues el seguiros es gloria; pero no probáis con eso que os seguimos, y conseguimos sin padecer, ni que es fácil el seguiros padeciendo, ni que os seguimos gozando. Y así señor, todo eso es probar lo justo, mas no lo dulce, y suave. Es probar que es justo vencer la dificultad, pero no mostrar la facilidad; y yo bien veo, Señor, que es justísimo el padecer para buscaros, y hallaros, y gozaros, y que cuanto padecen los Santos en esta vida de penas, y los perdidos en una vida de culpas, y los condenados en un infierno de culpas, y de penas, es ligero padecer, si hubiera de ser precio de tan grande bien, y con él se comprase el gozaros, y alabaros eternamente en la Gloria.
Mas, Señor, yo flaca, pobre de virtud, y de fuerzas, ¿cómo hallaré, y juntaré el caudal penoso, y duro de este precio, cuando me siento sin fuerzas para las penas? Dadme, Señor, un camino tolerable. Yo amo la Cruz, y la adoro, y la reverencio; pero traerla en los hombros, y romper por asperezas, y vencer dificultades, para mí lo tengo por imposible. Si solo buscando la Cruz sin Cruz, habéis visto, Señor mío, que me he perdido en el camino, y que ya fatigada de mi Cruz, no podía tolerar la Cruz de haberme perdido por lo llano, por lo ameno del camino; ¿como podré caminar con Cruz por lo áspero de ese monte, por lo siniestro de esa cuesta? Haced para mí otro camino Señor, que os siga, y sea sin Cruz.
Compadecido el Señor de Philotéa, le dijo: Anímate, Philotéa, que aunque no es razón hacer otro camino para ti del que he hecho para mi Madre, mis Apóstoles, y todos los demás Santos, y para toda la Iglesia, que es el real, y seguro de la Cruz, que yo por mi mismo y con mi Sangre he formado, y afirmado, y confirmado: yo seré su compañía, y su guía, y socorro, y con eso no tienes que recelar el camino. Yo seré todo tu esfuerzo, y constancia, y haré que mi gracia, dé tal ánimo a tu espiritu, y flaqueza, y tales fuerzas, que puedas llevarla sobre los hombros con valor, y fortaleza.
Entonces Philotéa, temiendo que ya le ponía Señor la Cruz en los hombros, le replico: Señor, bien podéis cuanto queréis, bien podéis hacer camino al Cielo sin Cruz. Nada hay a vos limitado, ni tiene termino vuestro poder. Mirad que me faltan fuerzas para padecer tantas penas, como me amenazan en esta senda asperísima, y que no podré llevar vuestra Cruz fin caer, y descaecer. Pues me dijisteis al acreditar el camino de la Cruz, que era fácil y suave mostradme primero la suavidad, y facilidad antes que con la experiencia vea su dificultad. Dulce, y recto es el Señor, nos dice vuestro Profeta, mostradme lo dulce antes que llegue á lo recto. Vuestro yugo es suave, y vuestra carga ligera, mostradme lo ligero, y lo suave antes de ponerme el yugo, que a. mí me parece grave. Más fácilmente sigue la voluntad convencida, y alumbrada por la luz que dais al entendimiento: no os canséis, Dios mío, de sufrirme, y enseñarme, pues no os cansasteis de penar al redimirme.
Habreme de conformar, o Philotéa, contigo, pues tu no quieres conformarte humildemente conmigo. Yo te probaré primero con el discurso, y después con la autoridad, y ejemplo la facilidad, y suavidad del camino de la Cruz.
Es bien que enciendas, Philotéa, que luego que el primer hombre, como te he dicho, desamparó la inocencia original con la culpa, y trasgresión del precepto, se desnudo de la túnica que tenia vestida de mi gracia, y se vistió de las pieles de muerte, que tuvo luego presente, y así fue forzoso, que deudor por tan graves culpas, lo fuese también de penas. Por que al delito sucedió inmediatamente la sentencia, a la sentencia el castigo, al castigo las penas que dio la misma sentencia. Pecó el hombre, pene el hombre: ofendió a su Criador, padezca la criatura, y pague la culpa con que se atrevió á ofender su Criador; estimando su gusto, y apetito perdió a Dios, pues sea castigado el hombre que dejó á Dios, por seguir torpemente su apetito. Todas las criaturas le obedecían, porque él obedecía Criador de todas las criaturas, pues todas las criaturas se le rebelen, pues él se rebeló al Señor de todas las criaturas.
Desde entonces sintió la carne flaqueza, y huyó del alma la fortaleza. Desde entonces los elementos son pena al hombre, que eran antes toda su recreación. Desde entonces, desterrado de la patria, comenzó a padecer las injurias, y pobreza del destierro. Pidió al sudor su sustento, por que sin él no quiso darlo la tierra: los dolores, y las penas, y tribulaciones le acompañan, y en medio de los gustos, que busca el apetito, halla tantos desabrimientos, y disgustos, que vencen aquellos gustos por que anhela su apetito.
De aquí resulta, Philotéa, que el penar acompaña á la vida con una natural necesidad, como al vivir el alentar, y el gemir, y el suspirar, con lo cual desde el nacer al morir todo es penar. Pinta los mayores gustos, imagina los mayores deleites, contentos, recreaciones, aunque sean con mis ofensas, y aunque las solicites sin cuidar de mi Ley, ni de la gloría que perdéis, ni del infierno a donde vais: que en estos gustos, o antes de ellos, ó después de ellos, o en ellos habéis de padecer tantas penas, y disgustos, que en pesando con justa balanza estas, y aquellas, hallareis, que sobreponen los disgustos a los gustos. De suerte, que en esta vida se ha de padecer, ó siguiéndome, ó persiguiéndome: se ha de padecer, ó venciendo con la Cruz el camino de la Cruz, ó siguiendo otro camino, sin Cruz; pero con más duras Cruces que os llevan, y precipitan por el deleite al Infierno.
Entonces Philotea dijo: Señor, creo (pues e que lo decís) que se padece en lo vano mucho mas que no en lo bueno pero qué es la razón por que los