Celebraciones importantes en el mes de Septiembre del 2010

 

MIÉRCOLES 1

NUESTRA SEÑORA DE LOS REMEDIOS

NUESTRA SEÑORA DE LOS REMEDIOS, del latín, remedius, acepción de "auxilio” (siglo XVI). Según antiguas crónicas esta milagrosa imagen mariana es traída por el capitán Juan Rodríguez de Villafuerte, perteneciente de las tropas del conquistador Hernán Cortés en 1519, presidiendo la primera misa que se ofició en México; posteriormente, le acompaña en su recorrido hasta la capital azteca. A huir en la llamada Noche Triste es colocada en el llamado "Árbol de la Noche Triste" y las vencidas huestes hispanas elevan plegarias ante ella para "remediar" los dolores de la derrota y orar por los muertos y heridos. Llevándose la pequeña escultura y ocultándola en el cerro de Otocampulco, en el actual territorio de Naucalpan, Estado de México. Ahí permanece hasta que —hacia 1540—, es encontrada por un campesino, quien la lleva a su población iniciándose así su veneración, la cual cobra popularidad debido a los múltiples favores que por su intercesión se logran; por ello se le construye una ermita; las crónicas señalan que se le otorga el nombre de Nuestra Señora de la Victoria. Se le designa Generala de los Ejércitos del Virreinato de la Nueva España. De esta forma inicia la construcción, ampliación y remozamiento que la devoción popular ha hecho del templo dedicado a la Virgen de los Remedios. Su edificación inicia en 1574 y es consagrado en 1629. Las pinturas que engalanan sus paredes datan de finales del siglo XVI y son obra de Alfonso de Villasana, en ella se describe la historia de esta advocación mariana. El Venerable Juan Pablo II (1978-2005) en 1998, asciende a esta iglesia al rango de Basílica Menor. Iconografía: imagen de María Santísima de los Remedios de pie, sobre peana y luna de plata; en su brazo izquierdo porta al Niño Jesús ambos coronados; ataviada con bella capa talar. En su mano derecha sostiene un bastón de mando, una banda le cruza el pecho, con la cual se le designa como generala del ejército español, por su origen. Para mayores conocimientos sobre ésta y otras advocaciones marianas de México y de Latinoamérica, se sugiere consultar México Mariano, de la Hermana Guadalupe Pimentel Editorial Progreso, S. A. México 2006.

 

MIÉRCOLES 8

LA NATIVIDAD DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

LA NATIVIDAD DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA, del latín nativitas "nacimiento" (siglo I a. C.). De los documentos del concilio Vaticano II (1962-1965, la Constitución Dogmática sobre la Iglesia (Lumen gentium), capítulo VIII, ordinal 55, señala: "Los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento y la Tradición venerable manifiestan de un modo cada vez más claro la función de la Madre del Salvador en la economía de la salvación (...) En efecto, los libros del Antiguo Testamento narran la historia de la salvación, en la que paso a paso se prepara la venida de Cristo al mundo. Estos primeros documentos, tal como se leen en la iglesia y tal como se interpretan a la luz de una revelación ulterior y plena, evidencian poco a poco, de una forma cada vez más clara, la figura de la mujer madre del Redentor....". Sin embargo, la Sagrada Escritura no menciona el acontecimiento que hoy celebra la Iglesia, son escritos apócrifos los cuales han dado bosquejos de este acontecimiento, cuando María es engendrada por sus padres, los santos Joaquín y Ana (26 de julio) en un acto natural a pesar de que ambos son estériles. Así, María es concebida exenta de pecado original preparada con el propósito de ser digna morada para engendrar al Hijo de Dios. Esta celebración se origina en Oriente, desde el siglo V. En Roma se aprueba en el siglo VII por Sergio I (687-701) y san Pío X (1903-1914; 21 de agosto) le concede la categoría de fiesta, con oficio y Misa propios. Hoy en día, a fin de seguir un orden cronológico, es conmemorada nueve meses después de la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María (8 de diciembre). Iconografía: María niña, recostada, recién nacida, ataviada con ropón, casi siempre color rosa, sobre su pequeña cabeza una corona, siendo la viva representación de la ternura e inocencia infantil. Es recomendable formar a nuestros niños, para que conozcan a Maria Niña y que desde la infancia le soliciten su protección. El fragmento de una anónima y antigua Consagración a María dice: "Toma mi corazón ¡Oh dulce Madre mía! Inflámalo de amor de esperanza y de fe. Vuélvelo humilde y puro, ardiente y piadoso, y un día allá en el cielo feliz te alabaré. Me gusta contemplar tu corona de reina, tu sonrisa de madre, tus miradas de amor; pues mientras más te veo, te hallo mucho más bella, y siento yo en mi pecho arder nuevo fervor. Toma mi corazón, tórnalo luego, luego, si no al anochecer infiel quizá será. Tómalo ¡Oh Madre mía! Escóndelo en tu pecho y por piedad te pido, no me lo vuelvas más... Hazlo puro a tus ojos, cólmalo de inocencia...dame tu caridad, tu confianza, tu fe y concédeme al fin, en tus brazos morir. Y cuando en mi agonía angustiado y contrito, mi pobre corazón deje ya de latir, dame para volar, las alas de paloma, y a la puerta del cielo venme a recibir".

 

 

DOMINGO 12

EL SANTO NOMBRE DE MARÍA

El SANTO NOMBRE DE MARÍA (siglo 1 a. C.). La liturgia católica ha lijado en fecha posterior a la Navidad, la celebración del Santísimo Nombre de Jesús (3 de enero). Asimismo, la Arquidiócesis de México dedica la conmemoración titular de hoy, al Santo Nombre de Maria, cuya dedicación inicia en España, siendo el pontífice beato Inocencio XI (1676-1689; 12 de agosto), quien la propaga a la Iglesia universal a partir de 1683. El nombre Maria corresponde al hebreo, Miriam, procedente de raíz egipcia M-R-Y-M, que significa amada de Amón. La primera mujer que se encuentra en la Sagrada Escritura con este nombre es la hermana de Moisés (Ex 15, 20). Entre las innumerables interpretaciones de Miriam se encuentran: del hebreo estrella del mar; del hebreo, Marah, "amargo"; además, en arameo "Señora" si en efecto la Madre de Dios es Nuestra Señora y a la vez es Soberana, por la autoridad misma de su Hijo Jesucristo el Rey del Universo. Después del nacimiento de María —por Tradición ubicada el 8 de septiembre— fue conducida por sus padres, los santos Joaquín y Ana (26 de julio), al templo a fin de imponerle el nombre, cumpliendo así con la Ley. Numerosos santos han expresado hermosas acepciones sobre el Santo Nombre de María; por ejemplo: santo Tomás de Aquino (28 de enero), indica que significa "estrella del mar", pues como la estrella del mar, orienta a buen puerto a los navegantes, ella dirige a la humanidad hacia Jesucristo; san Pedro Crisólogo (30 de julio) dice: "El Nombre de María es señal de castidad", enseñando que para evitar las tentaciones hay que invocarla"; a santa Brígida de Suecia (23 de julio) le es revelado lo siguiente: "Cuando un pecador pronuncia con fe y devoción el dulce nombre de María, los demonios se van alejando"; y el beato Enrique Seuze (25 de enero) expresa: "Oh María: ¿Cuan dulce y agradable será tu amable presencia, si tu solo nombre me resulta tan extremadamente agradable y consolador?", porque al pronunciar su nombre aumenta la confianza en Dios y el corazón palpita de emoción. Aprendamos más sobre la Bienaventurada Virgen Maria, en el libro México Mariano, publicado por Editorial Progreso. Nota: Antiguamente a esta celebración se le conocía como el Dulce nombre de María.

 

MIÉRCOLES 15

NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES

NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES del latín. "penas" o "sufrimiento" (siglo XIII). "Junto a la cruz de Jesús estaba su madre" (Jn 19, 25), nos relata san Juan evangelista, también citan esta escena, con sus propias expresiones los otros evangelistas: Mateo (27, 55-56); Marcos (15, 40-41) y Lucas (23, 49). Estos relatos, unidos a la predicación de los apóstoles, los Padres Apostólicos y la de los Santos Padres, provocan en las primitivas comunidades cristianas que se instruyen en la doctrina de Cristo, devociones populares que son un homenaje de amor a María Santísima quien, estoicamente —siempre de pie—, permanece junto a su Hijo agonizante clavado en la cruz. Esta devoción une los dolores de María a la Pasión de su Hijo. Hacia el siglo XI eran sus dolores objeto de devoción en forma privada. En el siglo XIV surge el emotivo himno Stabat Mater, que en la secuencia de la Asamblea Eucarística de hoy se recita después del Salmo, cuya autoría se atribuye a Jacobo de Todi (1230-1306), presbítero franciscano y poeta místico italiano. Posteriormente, durante el siglo XVII, la Orden de los Siervos de María (servitas) conmemoran con gran solemnidad los dolores de María. En la época anterior a las reformas realizadas al Calendario Litúrgico (1969), después del Concilio Vaticano II (1962-1965) esta memoria es conocida como "los siete dolores de la Santísima Virgen", en la actualidad se evoca como Nuestra Señora de los Dolores. El pontífice Pío VII (1800-1823) la difunde a la Iglesia universal en 1814 y san Pío X (1903-1914; 21 de agosto) establece su memoria en esta fecha, en 1912. Iconografía: María de pie, bajo la cruz, manifiesta en su rostro cubierto de amargo llanto un infinito sufrimiento, ataviada de riguroso luto, con vestido y manto negro o morado, siendo característico un albo pañuelo en sus manos. Un fragmento del Coloquio con Nuestra Señora de Dolores, escrito por el mártir y beato mexicano Miguel Agustín Pro (23 de noviembre) expresa: "¡Déjame pasar la vida a tu lado, Madre mía, acompañado de tu soledad amarga y tu dolor profundo! ¡Déjame sentir en mi alma el triste llanto de tus ojos y el desamparo de tu corazón! (...) Quiero en mi vida las burlas y las mofas del Calvario; quiero la agonía lenta de tu Hijo, el desprecio, la ignominia, la infamia de su cruz. Quiero estar a tu lado Virgen Dolorosisima, de pie, fortaleciendo mi espíritu con tus lágrimas, consumando mi sacrificio con tu martirio, sosteniendo mi corazón con tu soledad, amando a mi Dios y a tu Dios con la inmolación de mi ser". Esta plegaria fue escrita por el beato diez días antes de su martirio, el 13 de noviembre de 1927.

 

VIERNES 24

NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED

NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED, del latín, "rescate" (siglo XIII). Esta advocación mariana tiene su origen cuando san Pedro Nolasco y su confesor, san Raymundo de Peñafort tuvieron, simultáneamente, la visión de la Madre de Dios; así nació en la ciudad española de Barcelona, en 1218, la Orden de Santa María de La Merced, para la redención de los cautivos, mejor conocida como Mercedaria, destinada a la merced u obras de misericordia, en especial al rescate de cristianos "... que se hallan en peligro y ansiedad, para que, rotas las cadenas de toda opresión, alcancen la plena libertad del cuerpo y del espíritu", misión que en la actualidad continúa vigente. Cabe señalar que merced, en la Edad Media, era sinónimo de misericordia, piedad o compasión, ejercida en favor de quienes se hallaban privados de libertad y en peligro de perder su fe cristiana, de tal forma que la misericordia mercedaria es efectiva y afectiva; no humilla a la persona humana, sino, por el contrario, la redime y libera, la dignifica. Para el cumplimiento de esta misión, los frailes de la orden realizan un cuarto voto, consistente en "quedar como rehenes, si fuere preciso, en lugar de un cautivo, sobre todo si su fe peligra". En 1696, Inocencio XII difundió a la Iglesia universal tal devoción. Iconografía: María de pie, ataviada con el habito blanco mercedario, el Niño Jesús en sus brazos; ambos coronados; el escapulario blanco mercedario con la cruz de Malta y barras rojas catalanas. Intercesora de los encarcelados y personas sujetas a procesos judiciales.