Celebraciones importantes en el mes de Febrero del 2012

 

JUEVES 2

LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR

LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR (siglo V). La festividad que la Iglesia celebra en esta fecha es conocida en la antigüedad como hypapante (del griego, "encuentro") en alusión al encuentro de Jesús Niño con los santos ancianos Simeón y Ana en el templo de Jerusalén. La celebración se origina en el siglo IV en el Oriente y es introducida en la liturgia de Occidente hacia el siglo VII. En ella se conmemora la presentación de Jesús Niño en el citado templo después de 40 días de su nacimiento, hecho narrado en el Evangelio de Lucas (2, 22-24). Asimismo, se relaciona a esta fiesta la purificación de María, después de haber dado a luz, conforme a los antiguos preceptos judíos, que señalan la purificación legal después del parto (Lv 12, 1-8). En el siglo V se adiciona una procesión con velas o "candelas" para dar un toque solemne a la ceremonia. La liturgia romana la acepta hasta el siglo VII, con el nombre de "Candelaria", por el citado uso de velas, y la establece 40 días después de la Navidad o Natividad, como término del ciclo navideño. En la época actual, considerando las reformas al Calendario Litúrgico, después del Concilio Vaticano II (1962-1965) y a partir de 1970, el pontífice Pablo VI (1963-1978) le devuelve su carácter cristológico y le asigna el nombre con que ahora la conocemos, ya que antes se daba mayor jerarquía a la purificación de María, con lo que se debía entender que la celebración debe ser del Señor y de su segunda manifestación al mundo y primera a los judíos. Por cuanto a que hoy la religiosidad popular la señala como "día de la Candelaria", es debido a la bendición de las velas o candelas efectuada en los templos, en la procesión solemne que antecede a la Asamblea Eucarística. Iconografía: Maria y José, con vestimenta de época, presentan al Niño Jesús en el templo ante al anciano Simeón. Tocante a la República Mexicana, la feligresía en esta fecha asiste a los templos a bendecir esculturas con la figura del Niño Dios ataviado con su mejor vestuario; al ser esto una piadosa costumbre, es recomendable "vestir" dichas figuras con ropajes propios de un niño, que pueden ser ropones, o bien de advocaciones como el Niño: Cautivo, de las Suertes, Niñopa, de la Salud, de Praga, Atocha, etcétera.

 

SÀBADO 11

NUESTRA SEÑORA DE LOURDES

NUESTRA SEÑORA DE LOURDES, del vasco, "altura escarpada o rocosa que se prolonga en cuesta" (1858). La Santísima Virgen Maria se manifestó por primera vez en esta fecha, en 1858, a una humilde e iletrada niña de catorce años, hoy santa Bernardita Soubirous (16 de abril). Dicho suceso ocurrió en una gruta próxima al río Gañe, en Massabielle, Francia, cerca de la -hasta entonces desconocida- aldea de Lourdes. Mientras la niña juntaba leña al mediodía, cerca de un canal del citado río, la Divina Señora se manifestó en medio de intensa luz, y según la narración de la vidente, era: " ... una señora joven, de rostro angelical, cubierta con un velo, vestida de blanco, ceñida con una banda azul y con un bello rosario entre las manos". Bernardita contó a sus progenitores el suceso; ellos, sin dar crédito, le prohibieron ir al lugar; sin embargo, ella regresó, repitiéndose el suceso durante 18 ocasiones, del 11 de febrero hasta el 16 de julio del mismo año. La noticia corrió entre los lugareños, el 25 de febrero, ante la mirada de unos trescientos vecinos, quienes aun sin ver a la Virgen, acudían a rezar el rosario. La niña, por indicación de Nuestra Señora, hizo con sus manos un hueco en la tierra y ahí brotó un manantial, cuyas aguas han sanado enfermos hasta nuestro tiempo, y curaciones avaladas con certificados médicos. Desde la primera aparición, María Santísima recomendó el rezo diario del santo rosario, así como la comunión y confesión frecuentes. La vidente, sin comprender lo que veía el día 25 de marzo, festividad de la Anunciación-, hablando en el dialecto del lugar le preguntó insistente: "¿Quién eres?", a lo que la Señora contestó en la misma lengua: "Yo soy la Inmaculada Concepción". Pasado lo anterior sólo hubo dos apariciones más el 7 de abril y la última el 16 de julio. La respuesta de María fue la confirmación al Dogma (verdad a la luz de la fe) de la Concepción Inmaculada de María, proclamado cuatro años antes en 1854 por el beato Pío IX -1846-1878 (7 de febrero). Respecto a la credibilidad de la aparición ante la ignorancia de Bernardita, quien soportó obstinados interrogatorio s de autoridades civiles y de la jerarquía eclesiástica, el padre Peyramale, párroco de Lourdes, terminó por creer la repetida narración de la niña. A causa de ello, el obispo de la diócesis correspondiente, Monseñor Laurence, autorizó las peregrinaciones a Massabielle e investigó las características de los relatos y terminó por escribir una Carta pastoral, con fecha 18 de enero de 1862, a fin de avalar las apariciones e iniciar la construcción de un templo. En 1864 se colocó en la gruta de Massabielle la imagen de la Virgen de acuerdo con la descripción de la vidente. Posteriormente, en 1876, el citado templo fue elevado a la categoría de Basílica y, después, por resultar pequeño para los numerosos peregrinos, fue sustituido por el amplio templo del Rosario, consagrado en 190l. Tiempo después, en 1908, san Pío X -1903-1914 (21 de agosto), fijó en esta fecha la conmemoración de esta advocación mariana. En el centenario de las apariciones, el 25 de marzo de 1958, el cardenal Angelo Giuseppe Roncalli, a la postre beato Juan XXIII -1958-1963 (11 de octubre) consagró una gran basílica subterránea dedicada a San Pío X. A partir de 1992, nuestro recordado Siervo de Dios, Juan Pablo II (1978-2005) convocó a la Iglesia universal a celebrar cada año en diversos países, en esta fecha, la Jornada Mundial del enfermo, difundiendo un mensaje a todo el mundo, con temas significativos relacionados con la Pastoral de la Salud. El año 2008, el pontífice Benedicto XVI, con motivo del ciento cincuenta aniversario de las apariciones celebró dicha Jornada en Lourdes. Iconografía: entre las rocas, María, de pie, ataviada de acuerdo con la descripción de Bernardita quien, postrada la contempla; entre las dos el manantial de aguas milagrosas, meta de múltiples peregrinaciones.

 

 

MIÉRCOLES 22

MIÉRCOLES DE CENIZA

MIÉRCOLES DE CENIZA, del latín común, cinisia y éste de cinis, "polvo, ceniza" (siglo XI). Con la imposición de la ceniza da principio el tiempo litúrgico de Cuaresma; periodo de 40 días que inicia en esta fecha y termina el Jueves Santo antes de la misa vespertina. La imposición de la ceniza es un sacramental (término que el Catecismo de la Iglesia Católica, en el ordinal 1677, define así: "Se llaman sacramentales los signos sagrados instituidos por la iglesia cuyo fin es preparar a los hombres para recibir los sacramentos y santificar las diversas circunstancias de la vida"), que a la vez nos prepara y conduce a la práctica del sacramento de la penitencia, reconciliación o confesión, con el propósito de que a los fieles convertidos nos sea posible participar en la celebración del misterio pascual con nuestro corazón contrito, esto es, en estado de gracia. En la Sagrada Escritura la ceniza es símbolo de lo
perecedero, por lo que se convirtió en signo de la caducidad del ser humano cuando él mismo se la aplica en la cabeza o suele revolcarse en ella, como testimonio de dolor, penitencia y humillación (Is 61, 3). En el Antiguo Testamento, la ceniza con agua es el agua lustral que borra las impurezas legales (Nm 19, 1-10); a través del tiempo, la ceniza pasa a integrarse en el culto cristiano. Hacia los siglos IV-V, los pecadores arrepentidos se transforman en penitentes, quienes se aplican ceniza sobre su cabeza en señal de conversión y abandono en la misericordia de Dios. En la época actual este miércoles se traza una cruz de ceniza, ya bendecida, en la cabeza o en la frente de los fieles, lo cual les recuerda su origen, a la vez que el sacerdote o un laico autorizado recita las palabras: "Eres polvo y al polvo volverás" (Gn 3, 19) o bien: "Arrepiéntete y cree en el Evangelio" (Mc 1, 15). La imposición de la ceniza es prescrita por el pontífice Urbano II (1088-1099) en el Concilio de Benevento en 1091. El valor de este sacramental no consiste en sólo asistir a la recepción de la misma --como algunos católicos creen—, su importancia radica en la contrición, es decir, en el arrepentimiento sincero y en la conversión de cada persona al haber trasgredido la voluntad divina, así como que tal arrepentimiento nos conduzca a los sacramentos de la reconciliación y la Eucaristía para ser renovados por la acción del Espíritu Santo y ser dignos de la misericordia divina.